De un tiempo a esta parte, la gente se cuida más y no duda en recurrir a un sinfín de estrategias para mejorar su aspecto. Esto incluye el ejercicio regular y las sanas costumbres alimenticias. Pero un grupo muy determinado de personas, los hombres, demandan cada vez más ciertos productos de belleza de naturaleza cosmética. Esto supone, para muchas empresas, un nuevo y fértil campo donde vender.

Independientemente de si son productos para hombres o para mujeres, la composición de las cremas de belleza es cada vez más compleja. Esto tiene una explicación: vende muy bien todo lo que haya sido demostrado científicamente, y cuanto más sofisticada sea la técnica que haya brindado el descubrimiento que se encuentra en un envase de diseño maravilloso, mejor se venderá.

Ciencia hay bajo cualquier potingue que pueda tener propiedades cosméticas, pero que exista un fundamento científico no implica que vaya a ser útil o aplicable a una crema o loción. El colágeno es un buen ejemplo. Esta proteína es muy beneficiosa para una buena salud de la piel, motivo por el cual se encuentra en una amplia variedad de cremas, pero… ¿penetra en las patas de gallo? ¿O en los surcos y arrugas? La respuesta es no. 

El tamaño del colágeno es tan grande que, por sí solo, no puede entrar en las células de la piel. Es como intentar meter en una casa un autobús de dos pisos, no hay puerta por la que quepa. La solución viene de la mano de la ciencia: meter el colágeno en liposomas. Estos son como pequeñas bolsas que pueden llevar otras moléculas en su interior, por ejemplo el colágeno. Los liposomas penetran en las células, dejando en su interior la preciada proteína. Pero tampoco se soluciona así el problema.

¿Han mirado qué porcentaje de liposomas tienen las cremas de belleza? Casi ninguna supera el 4%. ¿Y qué cantidad puede haber, entonces, en una gota de la crema? Tan poca que no va a hacer absolutamente nada por mejorar tu belleza.

Vivimos bajo la impresión de que lo comprobado científicamente es como un dogma de fe. Todo lo que haya sido demostrado a través del método científico es formalmente cierto, pero eso no implica que sea verdadero en todas las circunstancias y situaciones. Por ello es necesario ser crítico en todo momento, para tratar de entender que la ciencia que hay detrás de un producto no tiene por qué convertirlo en milagroso.

Este asunto recuerda a la tía del genial humorista Gila, que quería quitarse 15 años de edad haciéndose la cirugía estética, pero como no tenía suficiente dinero, en lugar de rejuvenecer esos 15 años, solo pudo hacerlo 15 días, por lo que tenía una cara dos semanas más joven.

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