Foto de Alba Blázquez

Somos la especie más inteligente de la Tierra y achacamos nuestro éxito precisamente a eso. Con la tecnología hemos conquistado el planeta. Estamos seguros de que nos aguarda un brillante futuro. Sin embargo, la biología demuestra que no hay razones para el optimismo.

Partimos de una ecuación sencilla: solo sobreviven las especies más inteligentes. Así, pensamos que los Australopithecus —nuestros primeros primos hace unos cuatro millones de años— eran poco más listos que un chimpancé. Llevaron una existencia miserable y vivieron confinados en un pequeño territorio del África austral.

No fueron lo suficientemente inteligentes, por eso se extinguieron. Eran pequeños (como un niño de 10 años), con  cerebros un tercio más pequeño que el nuestro, caminaban erguidos y utilizaban herramientas sencillas. Con el Homo Erectus llegó el fuego; y con el desarrollo de la tecnología, la vida se hizo más fácil. 

Las sucesivas especies de homínidos (Kenianthropus, Paranthropus…) alcanzaron tamaños más grandes. También su cerebro era mayor y más sofisticada su tecnología. Esa tendencia se aceleró hace dos millones de años al aparecer los Homos (Homo Habilis, Rudolfesis, Ergaster, Antecessor, Neanderthalensis…) hasta llegar a la máxima expresión evolutiva, el Homo Sapiens, hace al menos 120.000 años.

El Sapiens se expandió, se multiplicó y, probablemente, extinguió a los Neandertales hace 30.000 años, quedando como la única especie de humanos sobre la Tierra. Como especie dominante, desarrolla una civilización tecnológicamente compleja, que se acelera en las últimas dos centurias.

Analizando lo ocurrido en los pasados cuatro millones de años, llegamos a una conclusión inquietante. La rapidez con la que se han extinguido las especies ha corrido en paralelo a su grado de inteligencia y a su capacidad de desarrollo tecnológico.

Existe conocimiento detallado y científico de la capacidad craneal —un indicador del tamaño del cerebro— de las especies de homínidos. También de cuándo y cuánto tiempo poblaron la Tierra. Si se procesan estos datos mediante el análisis de regresión, una herramienta matemática que no deja lugar a errores, los resultados aportan algunas evidencias sorprendentes:

1.La capacidad cerebral ha aumentado de una manera sostenida que se ha acelerado recientemente. Ha aumentado casi 35 mililitros (una taza de café) por cada 100.000 años. La época de aparición de una especie explica más del 85% de su capacidad cerebral.

2.Cuanto más grande es el cerebro de una especie de homínido, antes se extingue (por cada mililitro de aumento del tamaño del cerebro que consigue, desaparece unos 850 años antes). El tamaño del cerebro explica más del 90% del tiempo de vida de la especie.

El Australopithecus Affarensis no pasará a la historia por su excepcional cerebro (tres veces y media más pequeño que el nuestro) ni por sus manifestaciones culturales (apenas unos cuantos pedruscos y palos), pero sobrevivieron más de 1.200.000 años.

En el otro extremo, los neandertales desarrollaron cerebros incluso mayores que los nuestros y, pese a ser protagonistas de la impresionante cultura lítica del período Musteriense, se extinguieron tras poco mas de 100.000 años de existencia.

En el medio, el Homo Erectus. Con un cerebro un 35% menor que el nuestro y una cultura más sencilla, la lítica Achelense del Paleolítico inferior, fue capaz de sobrevivir durante 700.000 años.

Cuanta más inteligencia, más rápidamente se ha producido su extinción. Es decir, ser humano resulta un mal negocio con fecha de caducidad temprana.

Anuncios