Central nuclear de Cofrentes

La paloma es sinónimo de libertad; la cigüeña, de maternidad; el buitre define la codicia; la mitología asocia el cuervo con la inteligencia. A esta incompleta lista de analogías con las aves hay que añadir, gracias al ser humano, un genérico: pájaros de Chernóbil como sinónimo de estulticia e irresponsabilidad.

Los efectos a medio y largo plazo de la contaminación radioactiva se empiezan a percibir con nitidez 25 años después de la catástrofe nuclear que afectó a esta zona de Ucrania: el tamaño del cerebro de las aves que anidan en este entorno es más pequeño que el de sus congéneres que viven en otras latitudes.

Esta reducción de la masa encefálica está provocando un desarrollo anormal del sistema nervioso que se traduce, además de en las mutaciones físicas, en un deterioro de sus capacidades cognitivas (la capacidad de transmitir y recibir conocimientos) que resulta letal. Un proceso involutivo debido al mayor estrés oxidativo, es decir a la disminución de las defensas naturales del organismo frente a la acción de los temidos radicales libres. 

La capacidad de supervivencia de las aves de Chernóbil se reduce básicamente porque, al no poder culminar con éxito el periodo de aprendizaje, no son capaces de percibir de manera correcta cuándo es el momento oportuno para poder migrar, pero también les afecta a su modo de vida, ya que las colonias que forman son bastante más pequeñas y desarrollan menor inteligencia a la hora de ser capturados. En resumen, que son más vulnerables frente a los depredadores.

Además, los estudios de campo realizados demuestran que el tamaño del cerebro de los animales menores de un año es, comparativamente, muy inferior al de los adultos. Esto implicaría un proceso acelerado y dirigido de selección natural que perjudicaría a los más débiles.

A lo largo de la historia de la medicina, numerosas enfermedades —que padecen todas las especies, incluida la humana— se han vinculado a este proceso de estrés oxidativo. Hoy se conoce que, por ejemplo, es uno de los responsables de la arteriosclerosis.

El desequilibrio entre elementos oxidantes y antioxidantes está asociado al desarrollo de determinados tipos de cáncer, a las cataratas, al mal de Alzheimer y otras demencias, a la diabetes, a la malaria y a la artritis, entre otras. Eso sin olvidar que el proceso biológico del envejecimiento se acelera en en relación directa con la magnitud del estrés oxidativo.

Entre tanto, y enzarzados en el debate sobre las bondades o maldades del uso de la energía nuclear en el planeta, en lugar de plantearnos hacia dónde nos lleva el progreso que marcan los poderosos, habría que acercarse a los habitantes de la zona, a los viejos del lugar, y preguntarles si el sonido de sus pájaros es el mismo que el que escuchaban antaño, cuando les despertaban por las mañanas anunciando un nuevo amanecer —que nada tenía que ver con la utopía revolucionaria—.

Y para aquellos a los que lo de Chernóbil les quede muy lejos, bien por la coordenada del tiempo o bien por las del espacio, que piensen que en España la central nuclear de Cofrentes se asemeja al complejo soviético que estalló. Recuerden que, tras la explosión, el área de exclusión afectó a 80 kilómetros a la redonda. ¿Qué quedaría de la Comunidad Valenciana si nos enfrentásemos a un desastre de naturaleza similar?

Anuncios