En ocasiones, un libro genera un movimiento en cadena que se propaga a lo largo de los años de forma imparable. Cuando esto sucede, las consecuencias se acaban conociendo en su totalidad años después de que se publique; incluso puede suceder que el efecto se produzca tras la muerte del autor o autora. Uno de los casos paradigmáticos de esta situación es el de La primavera silenciosa, de Rachel Carson, el libro que dio el pistoletazo de salida al movimiento medioambiental a escala masiva.

Bióloga marina de profesión y autora de varios volúmenes sobre la vida en el mar, la estadounidense Rachel Carson se ganó el puesto en el Olimpo de la ciencia al conseguir revertir la tendencia imperante en cuanto al uso de pesticidas para controlar plagas de insectos en zonas de cultivos. Su libro, publicado en 1962, cuando tenía 55 años, generó un intenso debate entre la clase política y empresarial pero, sobre todo, consiguió que el ciudadano corriente se interesase por cosas que, hasta entonces, le causaban indiferencia. 

“La primavera silenciosa” del título remite a un mundo en que ya no se escucha el trino de los pájaros, desaparecidos de los campos a causa de la contaminación por DDT. Era la alerta que Carson supo transmitir gracias a su habilidad para contar asuntos de ciencia para todo tipo de lectores, no solo para los especialistas. A los seis meses de su publicación, el Gobierno de John F. Kennedy aprobaba una serie de medidas encaminadas a limitar el uso de este pesticida en los programas estatales de prevención de plagas. Diez años después, se prohibió su utilización en todo el país.

Rachel Carson era especialista en vida marina, pero llegó a interesarse por las consecuencias de un producto químico de uso en el campo gracias a unos amigos, que le contaron cómo habían muerto todos los petirrojos de su zona tras un rociado masivo con DDT. Inquieta por la noticia, comenzó una investigación de cuatro años, para la que consultó a especialistas en el área de la química.

Sus conclusiones eran claras: el DDT se transmitía en la cadena alimentaria desde las hojas de los árboles a las lombrices, y de éstas a los pájaros. Asimismo, alertó de sus consecuencias para el ser humano, con el cáncer en el punto de mira; esto, sin embargo, aun no ha sido demostrado por la ciencia.

Tras la publicación de varios extractos del libro en la prestigiosa revista The New Yorker, el debate sobre la idoneidad del uso del DDT saltó a las calles, dando alas al movimiento medioambiental que, desde entonces, es parte de nuestras vidas, pero que en aquellos años era algo que no preocupaba a la gente. La reacción de la industria química no se hizo esperar: las conclusiones de Carson eran producto de la “histeria” y solo servían para “meter miedo” infundado.

Aun así, el Gobierno estadounidense acabó por prohibir su utilización basándose en las investigaciones de científicos contratados para comprobar qué había de verdad en lo que Carson contaba en La primavera silenciosa. Ella no llegó a conocer la magnitud del efecto de bola de nieve generado por su libro. Había fallecido en 1964, apenas año y medio después de que se publicase, a causa de un cáncer de mama.

MA Blanco

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