El 16 de junio de 1963, la soviética Valentina Tereshkova se convierte en leyenda. A bordo del Vostok 6, es la primera mujer en viajar al espacio. Durante casi 71 horas, gira 48 veces alrededor de la Tierra. Para cuando regresa, en medio de un lago de Kazajistán, tiene claro que su objetivo es repetir la experiencia cuanto antes.

Valentina Tereshkova nació en 1937 en un pequeño pueblo de Rusia, en una familia de humildes campesinos. Ella misma no pudo estudiar hasta los ocho años, porque tenía que trabajar para ayudar a sostener a la familia. El padre, conductor de tractor, había muerto en la Segunda Guerra Mundial, cuando ella tenía poco más de tres años. Valentina era la segunda de tres hermanos, uno de los cuales aun no había nacido cuando se quedó sin padre.

De fuertes convicciones comunistas, la joven Tereshkova comienza a ascender en las juventudes del partido en Yaroslav, adonde la familia se había mudado tras la muerte del padre. Al mismo tiempo, compagina los estudios de Ingeniería Técnica Industrial con el trabajo en una fábrica textil. Es entonces cuando descubre su gran pasión, la que le acompañará toda la vida: volar. 

El destino de Valentina Tereshkova queda sellado cuando comienza a frecuentar un club de paracaidismo tras recibir unas clases. Adquiere cada vez más experiencia en saltos, a la vez que asciende veloz en la estructura del partido. Así, en 1961 es nombrada secretaria de las juventudes comunistas de su localidad, e ingresa en el Centro de Entrenamiento de Cosmonautas. La experiencia con el paracaídas es fundamental para su selección en esta escuela. En aquellos años, las naves Vostok despegan pero no aterrizan: los tripulantes han de saltar en paracaídas cuando se acercan lo suficiente a la Tierra. Ni siquiera hay que saber pilotarlas, dado que funcionan de modo automático.

Las autoridades soviéticas, en plena carrera espacial contra Estados Unidos, quieren ser también los primeros en enviar a una mujer al espacio, tras haber enviado al primer hombre. Buscan a mujeres jóvenes, de menos de 30 años, y que no superen el 1,70 de estatura ni los 70 kilos de peso. La habilidad como piloto no es necesaria, solo se exige experiencia en saltos con paracaídas. Asimismo, la elegida ha de ser “ideológicamente pura”.

Valentina Tereshkova no es la más habilidosa entre las seleccionadas; tampoco destaca sobre las otras por sus conocimientos de ingeniería. No obstante, acaba consiguiendo el puesto, y el lugar en la Historia, gracias a su mayor pureza ideológica. A la hora de decidir entre ella y otra candidata, las respuestas poco entusiastas de esta a preguntas relacionadas con la lealtad al partido acaban inclinando la balanza.

Su valor y fortaleza, en cualquier caso, quedaron demostradas tras un viaje alrededor de la Tierra de casi tres días. Diversos fallos de logística y en los cálculos hicieron de la experiencia algo cercano a una pesadilla. Apenas pudo comer, así que volvía hambrienta cuando aterriza en medio de un lago del que tiene que salir nadando a pesar de la extenuación que acumula. Aun así, siempre soñó con volver al espacio. Pero el sueño nunca se cumplió. Hasta 1982, la URSS no envió a otra mujer en sus misiones aerospaciales; un año después, Estado Unidos lo hizo por vez primera.

La Gaviota, como se conoció a Valentina a partir de entonces a causa del nombre clave del vuelo, ha tenido que conformarse con una amplia y reconocida carrera en política —es famosa su reivindicación de los derechos de las mujeres— y en el mismo Centro de Entrenamiento de Cosmonautas, como colaboradora científica. Asimismo, ha recibido numerosos reconocimientos y premios. Y con su primer marido, el también astronauta Andrián Nikoláyev —el mismo Nikita Jrushchov asistió a la boda entre ambos—, tuvo una hija, Elena: el primer bebé nacido de padres que habían viajado por el espacio.

MA Blanco

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