Río Limia

En tiempos de la romanización de nuestra Península, Galicia se mantuvo bastante aislada durante mucho tiempo. Sin duda ser el fin del mundo ayudó. Galicia está lejos  y la comunicación no es fácil.

Pero hay otra causa que también ayudó lo suyo: el río Limia. Según una leyenda, quien lo atravesase perdería la memoria. Sin duda, conquistar Galicia teniendo que atravesar el río del olvido no era tarea fácil.

Pese a todo, Décimo Junio Bruto, Cónsul Romano encargado de la conquista del noroeste de la Península Ibérica, alcanzó la orilladle río Limia el año135 a.C. Los historiadores Estrabón, Tito Livio y Apiano cuentan que Bruto atravesó las aguas del Limia alcanzando la otra orilla sano y salvo. Desde allí, voceó los nombres de sus centuriones uno a uno, para demostrar que no había perdido la memoria. El resto fue pan comido… Pero, ¿puede haber algo de verdad en el río del olvido? 

Desde un enfoque clásico, resulta fácil explicar el mito del río Limia con el del río Lettish -“el río del olvido”- situado en el fin del mundo (como el Limia), al lado del Hades, cuyas aguas borraban los recuerdos de los que lo cruzaban.

Pero entrando en un ejercicio de especulación científica, proponemos otra explicación. Algunos ríos acumulan en ocasiones grandes cantidades de microalgas y cianobacterias (lo que en algunos lugares se conoce como “flores de agua”). Algunas de estas cianobacterias y microalgas producen potentes toxinas. Los efectos de estas toxinas son diversos, destacando parálisis, fallo hepático, diarreas e incluso amnesia.

Sin ir más lejos, en estos momentos está habiendo una importante proliferación de cianobacterias tóxicas en algunos tramos del río Limia. Concretamente, en los tramos del río que atraviesan los municipios de Bande y de Lobeira, la cianobacteria tóxica Microcystis aeruginosa crece en tal cantidad que en algunas zonas se acumula semejando un puré de guisantes. En otras aporta un fuerte color azulado (cian) al agua. Además, está produciendo una potente tóxina: la microcystina (MICYST), que en algunos lugares llega hasta 8µgr l-1.

Una cantidad más que suficiente para no solo hacer perder la memoria, sino también la vida de los infortunados que la bebieran.

Plinio describe un biosensor que los romanos habían desarrollado para analizar en el acto la calidad del agua: empleaban truchas (que son extraordinariamente sensibles a los contaminantes).

A lo mejor Bruto era un héroe. Pero probablemente fue un hombre inteligente que aprovecho los recursos de la técnica. Si el agua del Limia no hacía daño a las truchas, Bruto podía atravesarlo con la certeza de no perder la memoria.

Eduardo Costas

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