Sócrates se preguntaba si sería posible engañar a los ciudadanos atenienses con una falacia: convencerlos de que los dioses habrían creado tres clases sociales diferentes a las que se pertenecía por nacimiento.

La primera de ellas sería la de los gobernantes, que habrían sido fabricados con oro; la segunda la de los administrativos, fabricados con plata y la tercera la de los artesanos, agricultores y soldados, hechos con hierro.

Esta invención daría estabilidad a la vieja Atenas: cada uno ocuparía el lugar que le corresponde en la jerarquía social. Condicionados desde el nacimiento.

Casi 2500 años después, un influyente psicólogo norteamericano, Henry H. Goddard, en plena expansión de la Genética, publicó una de las mayores falacias de la historia de la Ciencia: The Kallikak Family: A Study in the Heredity of Feeble-Mindedness (La Familia Kallikak: Un estudio de la herencia de la debilidad mental). En ella se contaba la peculiar historia de Martin Kallikak, un hombre de buena familia, quien después de participar audazmente en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos tonteó durante algún tiempo con una moza de taberna corta de entendimiento.

De sus relaciones nació un hijo, Harry ‘el Terror’, un malvado delincuente que a su vez engendró a numerosos hijos tan malos como él. Siguieron engendrando malvados y retrasados a lo largo de las generaciones. A día de hoy los Kallikak descendientes de la moza de taberna ocupan los mas bajos puestos de la sociedad americana, siendo carne de presidio y de instituciones para discapacitados.

Años después Martin Kallikat volvió al buen camino: regresó a Nueva Inglaterra donde se casó con una cuáquera de buena familia. Tuvo hijos listos y buenos. Los Kallikat descendientes de la cuáquera son hoy en día ilustres ciudadanos que ocupan lo más alto de la escala social norteamericana.

La lección de Goddard es evidente: modernizando la versión de Sócrates, los distintos hombres están hechos de genes buenos, genes del montón o genes malos. La inteligencia y la bondad moral se heredan sin remedio y nada puede hacerse para modificarlas. Los genes son los únicos responsables del éxito o el fracaso social.

Es evidente que Sócrates no tenía ni idea de Genética. Pero Goddart tampoco. Su principal prueba a favor de la historia de los Kallikat se basaba en Deborah Kallikak, una niña que según su evaluación era débil mental. Deborah era descendiente de la primera relación (en concreto la moza de taberna era la madre de su tatarabuelo. Nada menos que cinco generaciones atrás).

Pero ¿Cuántos genes de la moza de taberna (y cuántos del padre) tenía Deborah Kallikat? Puede calcularse sin problemas: exactamente (½)5. Tan solo el tres por ciento (exactamente el 3,125 %) de los genes de Deborah venían de la moza de taberna (y tan solo otro tres por ciento venían de Martin Kallikat). Sorprendente que solo un tres por ciento de los genes decidan si uno va a ser un ciudadano exitoso o un delincuente retrasado.

Al final de su vida el propio Goddart confesó la falsedad de la historia de los Kallikat. Pero el mal ya estaba hecho. Ronald Reagan usó la historia de la familia Kallikat profusamente en sus campañas electorales. El Tea Party también la defiende. Y en nuestro país la historia de la familia Kallikat gusta a los líderes de la CEOE.

Veremos a donde nos llevan estas falacias.

Eduardo Costas


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