Foto de chelle


Trabajando en una oficina, trasteando en un almacén, en el instituto, en la universidad… quién, por descuido, no ha dejado el bolígrafo en un bolsillo -de la camisa o el pantalón- puesto del revés y… ¡lunar al canto! El mundo es un lugar lleno de trampas para los adictos a la limpieza. Pero la naturaleza tambien nos pone al alcance de la mano remedios caseros que devuelven las cosas a su sitio.

Son trucos de la abuela que funcionan desde hace muchos, muchos años. En el caso de la tinta, basta con sumergir la prenda en leche durante un par de horas para que desaparezca su rastro (siempre que no se haya secado del todo). Pero no es el único remedio, también se eliminan las manchas de grasa con gasolina, las de hierba con alcohol o las de aceite espolvoreando la superficie con polvos de talco, por decir alguna de estas aplicaciones caseras.

Ahora bien, ¿cómo es posible que estas soluciones actúen directamente sobre la superficie dañada y no afecten al resto del tejido? Sin pretender meternos a alquimistas o acusar a nuestras abuelas de haber sido un poco brujas por descubrir la fórmula de la limpieza, lo cierto es que estamos ante un asunto que requiere de química.

Para empezar, todos sabemos que el agua y el aceite (las grasas en general) no se mezclan… Ergo, utilizando simplemente el agua no conseguiremos nunca quitar una mancha (salvo si es de sangre). Es necesario añadir o utilizar algun otro producto. Un producto que actúe de tal modo que diluido en el agua sea capaz de atraer las moléculas de la mancha que han impregnado el tejido. Sin entrar en consideraciones de otro tipo, así funcionan los jabones, gracias a las propiedades resultantes de la saponificación.

Jabones los hay de todos tipos, pero no siempre resultan eficaces (de sobra es conocido el uso de determinado tipo de detergentes para determinado tipos de limpieza) o los tenemos a mano para utilizarlos. Y en cualquier caso, la leche, por seguir con la tinta del bolígrafo, no es ningún tipo de jabón. Entonces, ¿por qué quita la mancha?

En primer lugar hay que señalar que la leche es una sustancia coloidal. Es decir, es un líquido que tiene partículas en suspensión (moléculas) muy grandes. Sus moléculas se organizan de tal modo que sitúan en su exterior la parte que puede interactuar con otras (que sirve de imán a otras). En su composición, la grasa oscila entre el 3% y el 5% y el agua forma cerca del 90%.

Del mismo modo, las tintas son el resultado de mezclar en una solución acuosa una serie de pigmentos que son capaces de fijarse al papel (o en el que caso del que hablamos, a la camisa o al pantalón). La grasa de la leche absorbe (mediante la interacción de sus moléculas) el pigmento de la tinta, que pasa del tejido al líquido coloidal.

Lo blanco que atrae a lo oscuro. Y una vez quitada la mancha, para desprenderla de cualquier olor resultante tras este proceso, lo mejor es volver a lavarla. Y tener un poco más de cuidado a la hora de guardar nuestros bolis.

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