Ada Yonath impartiendo la conferencia “El increíble ribosoma”. Foto de gedankenstuecke

La trayectoria vital y profesional de Ada Yonath es una historia de superación ante problemas que harían rendirse a muchos. Su constancia a la hora de estudiar cuando el entorno no era favorable y de mantener durante décadas una investigación en la que pocos dentro de la comunidad científica creían la ha llevado a estar más cerca que nadie de la esencia de la vida y a recibir el Premio Nobel.

Cuando nació en 1939 en Jerusalén, hija de una familia de escasos recursos económicos y sin estudios, pocos podrían haber sospechado que Ada Yonath acabaría siendo una eminencia del campo de la Química. Los precedentes familiares, según ella misma ha revelado, no daban el perfil de quien se dedica a la ciencia: padre rabino, que solo había estudiado sobre religión judía, y madre ama de casa entrenada para ello desde pequeña. Ambos, con lo justo para vivir. Pero Ada, desde pequeña, tenía curiosidad por el conocimiento.

A pesar de las carencias económicas, los padres de Ada siempre apoyaron su decisión de estudiar. El padre, de salud precaria y asiduo de los hospitales, falleció cuando ella solo tenía 11 años, lo que debilitó aun más las finanzas domésticas. La niña tuvo que ponerse a trabajar para ayudar a la madre, limpiando casas o cuidando niños, pero no por ello desistió en su empeño de estudiar. 

Ada Yaneth terminó el instituto en Tel Aviv, adonde se habían trasladado para estar más cerca de la familia de la madre, y a continuación realizó el servicio militar en el área de medicina. Aquí tuvo su primer contacto con la realidad de enfermedades y el modo de tratarlas. Su siguiente paso fue matricularse en la Universidad Hebrea de Jerusalén, donde se licenció en Química, Bioquímica y Biofísica. De ahí viajó a Estados Unidos, donde realizó estudios de postdoctorado en varias instituciones, incluido el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts.

De vuelta a Israel, puso en marcha el primer laboratorio de cristalografía del país, que durante años fue el único. Y comenzó la tarea de su vida: la búsqueda de la estructura del ribosoma, el compuesto de proteína y ARN que se encarga de sintetizar las proteínas según la información genética del ADN. En otras palabras, un complejo molecular fundamental para la vida. Durante más de 20 años, gran parte de la comunidad científica ridiculizó sus intentos de encontrar la estructura del ribosoma mediante cristalización.

En el proceso, Ada Yaneth se convirtió en figura indispensable para la Medicina, al servir sus investigaciones de base para la elaboración de antibióticos más potentes contra determinadas bacterias, incluso aquellas que habían mutado hasta ser resistentes a los antibióticos. El método consiste en atacar el ribosoma de estas bacterias, y Yaneth es la pionera y mayor experta en ribosomas.

El problema principal para conseguir su objetivo fue que el ribosoma es muy difícil de cristalizar, entre otras razones por su asimetría. Pero al final lo logró, desarrollando por el camino técnicas que aun hoy se usan en laboratorios de todo el mundo. Por este descubrimiento, recibió en 2009 el Premio Nobel de Química. En la actualidad, sigue adelante con sus investigaciones sobre el ribosoma, intentando desentrañar uno de los secretos de la esencia de la vida.

MA Blanco

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