Corre por ahí un chiste, bastante malo por cierto, en el que un científico adiestra a una araña para que obedeciera sus órdenes. Llamaba a su mascota y esta acudía a él sin dudarlo. Así que decidió convertirla en cobaya de laboratorio. Primero procedió a quitarle una pata y, aunque con dificultades, llegaba hasta él. Los problemas crecían a medida que el científico iba eliminando todas y cada una de las patas del bicho. Cuando el animal ya no tenía patas, dejó de acudir (creo que por razones obvias). Sin embargo, la conclusión del sabio fue: “Cuando a las arañas se les quitan todas las patas, se vuelven sordas”.

Pues aunque pueda parecer ridícula la moraleja del relato, no está tan alejada de la realidad. Los insectos, las arañas y otros invertebrados son muy particulares en muchos aspectos y en el tema del oído no son una excepción. Las orejas de los insectos, por ejemplo, no están ubicadas en donde pudiésemos pensar… Me refiero a la cabeza. 

Tienen los oídos en el abdomen o en las alas, por ejemplo y, cómo no, algunos insectos los tienen en las patas, digamos que en la parte posterior de sus rodillas. Ahí es donde está situado el aparato auditivo, por ejemplo, de grillos o saltamontes.

En algunos casos los oídos son membranas planas y delgadas, que parecen funcionar como lo hace nuestro tímpano, siendo sensibles a las vibraciones. En otas especies, el sentido del oído se debe a unos pelos muy delicados y sensibles que responden al sonido y a los cambios en el aire. Este puede ser el motivo por el cual es tan difícil atrapar, cazar o aplastar a una mosca.

En los humanos la audición es esterofónica, y eso nos permite sin dudar localizar la fuente u origen de un sonido, si está a la derecha, a la izquierda, arriba o abajo. Los insectos lo tienen más complicado pues no les resulta tan fácil triangular para saber de dónde viene el sonido. Tantos oídos, tan distintos y en ubicaciones diferentes no permiten con facilidad interpretar cómo un insecto puede ubicar a un depredador amenazante, una posible víctima o una pareja potencial.

Solo estamos empezando a comprender cómo otras especies pueden ubicar las fuentes de un determinado sonido, y esto es importante porque condiciona el comportamiento del animal. Basta con pensar en los grillos o las cigarras en verano y el riesgo que corren en ser descubiertas por las aves, pero para perpetuar la especie hay que arriesgarse…

Jesús Pintor, bioquímico y catedrático de Bioquímica

Anuncios