El agua será protagonista durante unos días de las noticias. Coincidiendo con la celebración del Foro Mundial del Agua en Marsella se harán públicos informes y se irán desgranando situaciones concretas que tendrán como denominador común su escasez, su mejor aprovechamiento y su redistribución más justa.

En los fondos marinos (con una composición de acidez bastante diferente a la actual) surgió la vida en forma de microorganismos unicelulares y, millones de años más tarde, en combinación con la energía solar, las microalgas desarrollaron la fotosíntesis dando comienzo a un proceso evolutivo que culminó —en una de sus ramas— en el ser humano.

Y del mar puede venir un cambio de tendencia que acabe con el ciclo de Gaia: la capacidad que tiene la Tierra para mantener estable la temperatura mediante un equilibrio entre los gases que componen la atmósfera y la salinidad de sus océanos. Unas condiciones estables que explican la vida tal y como la entendemos a día de hoy. 

Se puede resumir en dos palabras la principal amenaza que se cierne: cambio climático. Un cambio que tiene consecuencias a corto y a medio plazo. Por empezar por lo prosaico, por el vil metal, uno de los elementos que destaca el útlimo informe realizado por la ONU para la cumbre de Marsella es que un aumento de dos grados en la temperatura tiene un coste de entre 70.000 y 100.000 millones de dólares.

De ellos, casi una cuarta parte será destinada al suministro de agua y a la gestión de las catástrofes que provocarán las inundaciones. Los técnicos que han elaborado el panel indican que 2.000 millones de personas se verán afectadas directamente por los cambios que se pueden avecinar.

Aumentar la temperatura terrestre supone a medio plazo cambios en los hábitats terrestres —las condiciones metereológicas se alteran y con ellas los ecosistemas— y en los marinos –las condiciones de acidez y del pH varían— que nos abocan definitivamente a otro salto evolutivo similar al del periodo Cámbrico, cuando se produjo una de las extinciones más grandes que se conocen.

Desde Más que Ciencia ponemos el acento en el concepto de ahorro. Los recursos del planeta en general son limitados y ya hemos denunciado en otras ocasiones que, sobre todo, son incompatibles con una práctica de derroche energético practicado por la especie humana desde la revolución industrial, con la puesta en marcha un modelo insostenible de crecimiento (económico): cuando se consume más de lo que se produce, se está abocado al fracaso.

No se trata de desarrollar una teoría catastrofista ni de sumarnos a quienes pregonan que somos más humanos de los que pueden vivir en la Tierra (por falta de un depredador que regule nuestra posición en la cadena trófica, aumentamos en número desproporcionado), aunque razón no les falte.

Simplemente, igual que la crisis inmobiliaria ha puesto de manifiesto que hay que abordar un nuevo modelo de crecimiento económico no basado en el ladrillo, es preciso acometer un cambio de modelo de desarrollo que no malgaste los recursos naturales que han permitido la vida en el planeta azul.