mosquito

Nada tan aparentemente frágil como un mosquito, pequeño insecto con el que podemos acabar con la simple presión de las yemas de los dedos. Sin embargo, para los humanos representa la máquina de matar más eficaz. Sin duda, pocos son conscientes de que es el animal que más mortalidad provoca entre nosotros con su molesta picadura. Hasta un millón de personas mueren al año víctima de la malaria.

La mayoría de las infecciones febriles graves que contraemos los humanos se deben a microbios que transmiten los insectos. En general, ellos mismos resultan inofensivos, incluso pueden ser beneficiosos: son los responsables de la polinización de multitud de plantas y árboles. Pero en su virtud también está la penitencia. Actúan como vectores o portadores de otros micoorganismos.

Por una parte, son transmisores mecánicos de enfermedades. Del mismo modo que nosotros trasladaros la suciedad del exterior a las casas a través de los zapatos, los insectos y los mosquitos portan en su cuerpo gérmenes que pueden contagiarnos. Por otra parte, esos virus pueden estar alojados en su interior y nos contagian a través del cruce de información que se produce cuando nos pican. Un viaje de ida y vuelta, porque ellos pueden contagiarse al picar a un enfermo y a su vez contagiar a un individuo sano en la siguiente picadura.

En cualquier caso, sea de una manera u otra, los mosquitos son portadores de los virus más letales, como la enfermedad del sueño, la malaria o el dengue, y su movilidad y voracidad a la hora de atacarnos les sitúan a la cabeza de esta macabra muerte. El proceso es sencillo, nos inoculan el virus a través de la sangre cuando nos pican.

Además, su propia evolución —la convivencia con los humanos y sus productos tóxicos— los está haciendo cada año más resistentes a las campañas de fumigación. Por ello, no es de extrañar que haciendo bueno el refrán (“matar moscas a cañonazos”) la tecnología espacial se haya puesto al servicio para terminar con esta auténtica pandemia.

Del mismo modo que se utilizan otros datos suministrados por los satélites para construir mapas, un grupo de investigadores europeos englobados en el proyecto Vecmap de la ESA (Agencia Espacial Europea) se ha propuesto crear un mapa del Ochlerotatus japonicus, una especie de mosquito que pude transmitir el dengue o las fiebres de chikungunya.

El proyecto es ambicioso y con este mapa la Agencia Espacial Europea pretende determinar con la precisión de los satélites la distribución de esta especie, en primer lugar por el continente europeo. Es ambicioso y sencillo a la vez, porque las condiciones, el lugar y la época de la eclosión de las larvas de mosquito varían mucho entre las distintas especies. Con estos datos, se elaborarán mapas de riesgo.

Para ello deben recoger datos sobre el tipo de vegetación, la temperatura y la humedad del suelo, que se combinarán con la información recogida por los satélites de observación terrestres para la elaboración de una base de datos. Con esta información, las autoridades sanitarias podrán planificar de una manera más precisa las campañas de prevención y erradicación de estos molestos animalitos.

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