No se me ha olvidado. Les prometí que tras contarles algunas cosas sobre los organismos unicelulares vendría otro post sobre los pluricelulares, pero he pensado animar un poco el blog narrando algo más jugoso. Estoy seguro que por el título del artículo ya han comprendido que en las siguientes líneas vamos abordar algo que atañe a hombres y mujeres —que por cierto son pluricelulares—. Amor y sexo.

Aunque parezca bastante manido, existen aspectos que, lejos de ser monótonos, no paran de sorprendernos. Me refiero a aspectos comportamentales que he tenido oportunidad de hablar con algún psicólogo.

Existen dos situaciones relativamente frecuentes en el trascurso de una relación (o en relaciones distintas). Por un lado, un comienzo apasionado en el que las sensaciones fluyen por cada poro de la piel y en el que el deseo permite lograr hitos que uno tiene dificultades para creer, a no ser que le estén pasando. En este momento, el número de encuentros y de relaciones es muy intenso y frecuente. 

Por otro lado, trascurrido el tiempo puede suceder que el apasionamiento tenga una reducción que se traduzca en un descenso en el numero de encuentros, pero se comiencen a sentir otras cosas, más profundas, menos físicas, pero más intensas; vamos, eso que se llama amor.

El deseo sexual depende en gran medida de la testosterona, tanto en los hombres como en las mujeres, aunque no es la única hormona que interviene en el proceso. Sin embargo, no se le escapa a nadie que las mujeres producen menos testosterona que los hombres, pero curiosamente ellas son más sensibles a esta hormona que los varones. Es por ello por lo que su líbido, en intensidad, puede ser semejante a la de los hombres. Sin embargo, no por mucha testosterona que tengamos o que la consumamos exógenamente podremos aumentar la líbido al infinito.

Como todo en la vida, la líbido tiene un tipo por mucha testosterona que tomemos. En el hombre parece determinado que esta hormona es determinante a la hora de elegir a nuestra pareja. Está demostrado que cuando existe atracción se despara y cuando una mujer resulta indiferente disminuye su secreción.

En general, es muy probable que en los inicios de una relación, determinados estímulos visuales, táctiles y olfativos estimulen diversas zonas del cerebro que inicien una serie de procesos encaminados a producir más testosterona y esta potencie la líbido.

Pero, ¿por qué disminuye el deseo a medida que trascurre el tiempo?

Aunque todavía no se ha determinado de manera categórica el motivo, parece bastante probable que se deba a un fenómeno bastante habitual en farmacología y en fisiología, llamado desensibilización o taquifilaxis. Esto es algo tan sencillo como que cuanto más tiempo estemos en contacto con una sustancia, más nos habituamos a ella y menos efecto nos produce (como ocurre con las aspirinas y los dolores habituales de cabeza). Es decir, que las oleadas de pasión van, gradualmente, siendo menos efectivas y probablemente dejen espacio a otro tipo de sensaciones o sentimientos.

Respecto a qué es el amor, ya he escrito con anterioridad en otro post al respecto. Parece que es cosa de una sustancia que se llama feniletilamina. No existe en la literatura científica ningún artículo que relacione el descenso de testosterona con el aumento de la feniletilamina. De existir esta relación, tal vez comprendiésemos que tras el descenso del deseo irrefrenable comienza el de otro tipo de sensaciones, más profundas y duraderas.

Jesús Pintor, catedrático de Bioquímica

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