Se sabía que la práctica de ejercicio mejora el rendimiento intelectual. Los opositores lo saben bien y por ello planifican, junto a las largas horas encerrados estudiando los temarios, pequeñas salidas a los gimnasios que, por una parte, les sirven para romper la monotonía de tan maratonianas sesiones de hincar los codos y, por otra, para estimular su cerebro.

Los beneficios probados de esta combinación físico/intelectual son la mejora de la capacidad de atención y el entrenamiento del cerebro para procesar más rápidamente información y para fijar la memoria explícita (la que se utiliza para recordar datos concretos). Un fenómeno que se ha observado en todas las edades, desde los más peques a los más veteranos (que presentan un deterioro cognitivo más lento si se mantienen en buena forma física).

Y ahora hay que añadirle otro efecto hasta ahora no probado: también mejora y potencia la memoria motora (la que utilizamos para aprender actividades de coordinación) y la memoria a largo plazo. Un experimento llevado a cabo arroja unos resultados que indican que breves sesiones de actividad física pueden mejorar la rehabilitación de personas que han sufrido un ictus o un accidente y que, debidamente programado, sería un estimable instrumento para mejorar el aprendizaje de algunas materias en el instituto.

Todo parece radicar en el volumen de ciertas regiones relacionadas con la memoria y la acción directa de una hormona y una proteína: la noradrenalina y la BDNF (por sus siglas en inglés). La primera, también conocida como noreprefina cuando es sintética, puede actuar como hormona, pero también como neurotranmisor. Una de sus principales funciones es actuar sobre el ritmo de las contracciones del corazón (a más noriprefina, mayor es el ritmo cardíaco). Esta respuesta supone la liberación de las reservas de glucosa, el aumento de flujo sanguíneo hacia los músculos, por lo que se le arroga un papel fundamental en situaciones de estrés (en momentos de lucha o de huida). También aumenta el suministro de oxígeno al cerebro y tiene capacidades antinflamatorias en las neuronas.

La segunda, la BDNF, es una proteína que actua sobre el sistema nervioso central y períferico y básicamente se encarga de que las neuronas estén en buen estado y se desarrollen adecuadamente. Actúa sobre el hicocampo y es importante para el aprendizaje, la memoria a largo plazo y el denominado pensamiento superior, aunque también se sabe que actúa sobre las neuronas motoras (las que controlan el movimiento). Se ha demostrado que el ejercicio aumenta la producción de esta proteína.

La combinación de ambas a través de la práctica de un cuarto de hora de ejercicio intenso bastarían para potenciar la memoria motora. El viaje a través de ese gran desconocido que es el cerebro sigue deparando asombrosos descubrimientos.

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