estupidez 

Cuántas veces hemos oído eso de “su padre era ya listo así que el hijo debe serlo también” solo por el hecho de pertenecer a la misma familia.

¿Cuánto hay de verdad en todo esto? ¿Es posible heredar la estupidez o la genialidad? ¿Hay algo en nuestros genes que nos predetermine a ser psicópatas o grandes genios? ¿O sólo es una leyenda urbana eso de que las cualidades no físicas se encuentran en los genes, y que es posible saber si uno será bueno en matemáticas conociendo su estructura genética?

Como ya se ha demostrado en muchas ocasiones, hay un sinfín de caracteres hereditarios que determinan, por ejemplo, el color de nuestros ojos o de nuestro pelo, la altura, la forma de la lengua, etc. Incluso se han descrito muchos casos en los que se puede averiguar la predisposición de un sujeto a contraer diferentes enfermedades según sean sus progenitores portadores o no de las mismas.

Lo que en ningún caso se ha descrito es la capacidad de heredar cualidades cognitivas o formas de comportamiento, porque eso no puede heredarse. No hay ningún componente genético en la estupidez o la genialidad, así como no lo hay en el racismo o en la capacidad de aprendizaje.

Qué duda cabe sobre que la forma de moverse o de hablar se aprende del entorno. Es fácil que la forma de andar o de moverse de un hijo se parezca a la de su padre, porque ha ido aprendiendo a base de repeticiones y de observación casi diaria de un modelo. Pero salvo que un padre estimule a sus hijos con juegos de ingenio o fomente cualquier otro tipo de costumbre, el pequeño no estará predispuesto a la listeza o a la falta de ella de ninguna manera, al menos no genéticamente hablando. De la misma forma que, aunque todos estos estímulos no se produzcan, el niño puede alcanzar unas capacidades cognitivas brillantes sólo si hace el suficiente esfuerzo.

Como ya hemos dicho en alguna ocasión, salvo que saltemos la barrera de lo físico, hasta el momento no se han encontrado genes que determinen el comportamiento ni la conducta humanas, de manera que tendremos que buscarnos las excusas en otra parte… y empezar a hacernos responsables de nuestras capacidades.

 Julia Romero-López, química

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