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Más grande que el dinosaurio más grande, con un corazón que supera el tamaño de un coche y con una lengua que pesa lo mismo que un elefante. Mide más de 30 metros y puede superar las 180 toneladas de peso. Con estas credenciales, la ballena azul es el animal más grande del mundo y está en peligro de extinción. La caza incontrolada a lo largo del siglo XX ha diezmado su población.

A pesar de su gran tamaño, este cetáceo sigue siendo un gran desconocido para los humanos, que hasta hace bien poco solo se interesaban en pescarla y conseguir un suculento botín con sus despojos. Poco se conoce de sus desplazamientos, de sus movimientos por el continente antártico y las zonas que elige para criar a sus vástagos.

Conocer sus pautas de comportamiento, reconstruir las biografías de algún ejemplar a través de las fotografías que se puedan tomar, así como de las biopsias de las muestras que se tomen y de paso realizar un censo algo más exhaustivo son los objetivos de una expedición científica que partirá de Australia el 29 de enero. 

El Proyecto Ballena Azul Antártica es la expedición más ambiciosa que jamás se ha realizado sobre este mamífero. Agrupa a 18 científicos procedentes de Australia, Chile, Estados Unidos y Nueva Zelanda. En sus investigaciones, utilizarán sono-boyas acústicas desarrolladas recientemente para rastrear y localizar a los animales a través de cientos de kilómetros en el Océano Austral. El proyecto se desarrollará a lo largo de los próximos tres años.

Censar la población de ballenas azules resulta fundamental, sobre todo teniendo en cuenta que este animal estuvo a punto de extinguirse a mediados de los cincuenta por la acción de la pesca incontrolada. En ese apogeo de la industria ballenera, llegaron a pescarse más de 300.000 ejemplares, más de un tercio del censo existente en ese momento.

Los últimos datos sobre el número de ejemplares de ballena azul que viven en el Hemisferio Sur señalan que la cifra oscila entre los 400 y los 1.400 ejemplares. Estas estimaciones son del año 2000 y fueron realizadas por la Comisión Ballenera Internacional. De ahí la importancia que ha cobrado en este proyecto realizar un censo para evaluar la situación real de esta especie.

Toda la información que recopilen en las sucesivas exploraciones será suministrada a la Comisión Ballenera Internacional para que sirva para la recuperación y conservación de esta especie en riesgo de extinción. La ballena azul antártica está clasificada como en peligro crítico por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

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