perfume de humano

La naturaleza nos ofrece una gama innumerable de olores que nos resultan muy atractivos o sugerentes. De hecho, en todas las culturas y civilizaciones hombres y mujeres ocultamos nuestro propio olor —y estamos hablando del bueno, no del mal olor— con una serie de afeites y perfumes. De los más fuertes a los más suaves, casi todos utilizamos algún tipo de colonia, ya sea al salir del baño o a la calle.

Un nuevo y lamentable error —y ya hace tiempo que dejamos de llevar la cuenta—. Parece que a los humanos el olor que realmente nos atrae es precisamente ese, el de humano. Eso demuestra una investigación llevada a cabo en Alemania. Y lo curioso no solo resulta que prefiramos el perfume que desprende nuestro cuerpo, sino que este puede resultar un elemento determinante a la hora de elegir pareja.

Hasta ahora conocíamos que los animales muestran a través de su olor corporal los genes inmunológicos que portan. Una información que resulta vital, ya que a través de la selección del compañero de viaje se asegura que la descendencia será inmune a determinadas enfermedades. Es decir, que el olor resulta un componente determinante para evitar que las especies se deterioren, ya que asegurando esa inmunidad a determinadas enfermedades se engendran especímenes más resistentes y se garantiza la continuidad de la especie.

Pero nada se había probado hasta ahora en la nuestra. Los científicos lograron decodificar los olores de determinados genes. “Aunque en las personas existen a nivel general varios cientos de tipos diferentes de los llamados genes inmunológicos HLA (antígenos leucocitarios humanos), cada individuo posee únicamente unas pocas variantes y éstas son las que determinan el típico olor corporal”, afirma uno de los investigadores. De ahí que el olor corporal sea algo característico y propio a cada individuo. Eso sin contar que, en función de la alimentación, es posible modificar ese aroma, ya que determinado tipo de alimentos —la química que producen— se expulsa a través de la piel.

En cualquier caso, lo que hicieron fue decodificar ese patrón común y lo reprodujeron artificialmente creando un tipo de perfume, precisamente por el que se decantaron favorablemente los participantes en la investigación.

Ahora falta por determinar si ese perfume resulta de un atractivo suficiente como para que su aroma resulte clave a la hora de elegir pareja, porque el experimento no duró tanto como para comprobar si del mismo salieron parejas. De momento, ya sabemos que de todas las flores, la que nos resulta más atractiva es la que huele… ¡a nosotros mismos!

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