metabiologia 

Uno de los enigmas que los humanos nos empeñamos en descifrar es el origen de la vida. Representa una de las cuestiones a las que intentamos dar una respuesta desde las más variadas disciplinas. En las últimas décadas, parece que nos hemos instalado en el consenso de que vida es todo aquello que evoluciona —o tiene capacidad de evolucionar—.

Si pasamos por alto las interpretaciones teológicas —que merecerían un capítulo al margen—, parece claro que los mecanismos evolutivos que hacen evolucionar a las especies es un fenómeno que se llama mutación.  Las mutaciones son cambios en la información genética que pueden permitir a los individuos adaptarse mejor a las condiciones ambientales (mutaciones beneficiosas) o bien tener consecuencias desastrosas siendo causa de enfermedad (mutaciones deletereas).

En principio, en lo relativo a este capítulo, la Naturaleza se muestra poco eficaz o derrochadora si lo prefieren. Continuamente — en cada generación— se producen mutaciones en los individuos, como media cada uno de nosotros portamos cuatro o cinco mutaciones perjudiciales. El azar y la selección natural son quienes determinan cuáles de esas variantes sobrevivirán. Se puede considerar como un éxito, en cualquier caso, cuando son beneficiosas y se consiguen individuos mejores —con mayor capacidad de adaptación a su entorno— y a eso se le denomina genéricamente evolución.

Sin detenernos en otro tipo de consideraciones, porque el asunto tiene, como todos, sus múltiples vericuetos y facetas, los investigadores han comprobado cómo esa larga y compleja cadena en el tiempo y en el espacio de la evolución tiene un origen común y está formada por los mismo elementos en todos los organismos vivos que habitan la Tierra. O utilizando lenguaje de ordenador, que seguro que resulta más gráfico, es como si a partir del primer ser vivo que surgió en el planeta todos utilizáramos el mismo software.

Pues bien, si todos tenemos un mismo software, ¿podríamos definir la vida mediante algún algoritmo? La vida reducida a una ecuación o, si lo prefieren, a un software en evolución.

No es ciencia ficción, está posibilidad es lo que estudia una nueva disciplina, la metabiología. Sin adentrarnos en más consideraciones, eso lo dejamos para la curiosidad del lector, y manifestando a priori que en ciencia todas las hipótesis son relativas y están sujetas a crítica y a revisión, resulta apasionante comprobar cómo el ser humano es capaz de aportar nuevos abordajes para el estudio de los problemas.

Victoria López Rodas, catedrática de Genética

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