cotorrillas 

Algunos se atreven a llamarlas cotorras, tampoco es para tanto, pero si juntamos en una habitación a un hombre y a una mujer, con casi total seguridad la conversación acabará monopolizada por ella. ¿Agilidad mental? Seguro que sí. No me sean mal pensados, que esto no va de guerra de sexos ni de nada que se le parezca.

Sigamos: los estadounidenses, que, ya saben, son muy aficionados a hacer recuentos y a la estadística, ya dijeron que ellas pronuncian, de media, unas 20.000 palabras de media frente a las escasas 7.000 que acostumbran a salir de los labios de ellos. Casi una tercera parte más.

Algunos, norteamericanos también, andaban con la mosca tras la oreja intentado descubrir los motivos de esa mayor locuacidad femenina y acaban de publicar su solución en el Journal de Neurosciencie: la responsable es una proteína, la FOXP2 —que vaya nombre tan onomatopéyico para una proteína que se la podría haber bautizado con un simple proteína del lenguaje—. 

Parece que el reparto entre sexos de la citada proteína es desigual y que ellas cuentan con un 30% más que ellos en su cerebro. Esta proteína se activa en un área cerebral que está directamente relacionada con el lenguaje y con la comunicación.

Los investigadores realizaron en un primer momento pruebas experimentales con animales, con ratones. Curiosamente, en el universo ratonil, son los varones los que se muestran más comunicativos. Pues bien, los machos presentaban unos niveles más altos que las hembras de la FOXP2.

Luego, replicaron el experimento con 10 niños que no superaban los 10 años de edad. Los resultados fueron los contrarios a los obtenidos con los ratoncillos. Las niñas contaban con niveles bastante más elevados que los niños.

De hecho, si tiene experiencia con peques, se habrá dado cuenta de que las niñas son bastante más rápidas que los infantes a la hora de expresar sus emociones a través del lenguaje. No solo aprenden a hablar antes, también cuentan con un mayor vocabulario y son más precoces a la hora de construir estructuras verbales más complejas.

De confirmarse el hallazgo —entiendan que un estudio realizado con un muestreo basado en tan solo diez niños parece en principio algo escasito—, habremos dado con la solución a uno de los grandes enigmas de los seres humanos y seguro que nos pondremos en el umbral de encontrar un medicamento que podamos suministrar a más de una (sobre todo si lleva el apelativo de suegra tras el de mujer).

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