el color de los medicamentos<br /><br />

Los comportamientos de los humanos responden a diferente tipo de variables. Nos dejamos llevar por las percepciones que procesamos a través de los cinco sentidos a la hora de tomar determinado tipo de decisiones. Como especie, ni el oído ni el olfato resultan las más determinantes —tenemos una cierta desventaja sobre otras—. En cambio, la vista parece que nos influye sobre las demás.

En otras ocasiones hemos comentado cómo realmente comemos por la vista o cómo los colores predisponen favorable o desfavorablemente nuestro estado de ánimo. De hecho, esta circustancia es bien conocida por las compañías aseguradoras, que a través de sus propias estadísticas de siniestros establecen sus rankings de conductores más asiduos a entregar partes de accidentes. De hecho, aquellos automovilistas —entre otras variables como la edad, años de carnet, etc— que optan por comprar vehículos de color rojo muestran una predisposición a mantener una conducción más agresiva y, por lo tanto, resultan potencialmente más caros.

Los estudios de mercado, no obstante, van mucho más allá y llegan a establecer relaciones de los colores incluso con los medicamentos. Antes, parecía que solo era medicina aquello que nos costaba tragar, pero ahora parece que no solo importa el contenido de las pastillas que tomamos para aliviarnos de cualquier enfermedad, también influye su color. Y cuando hablamos de medicinas, estamos superando la barrera del me gusta o no me gusta y nos adentramos en el universo de los efectos que pueden provocar en nosotros, ya que una percepción positiva sobre el fármaco nos predispone a tomarlo, mientras que una negativa puede hacer que dejemos de administrarnos esas dosis que son imprescindibles para superar un mal.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Bombay probaron que existe una relación causa/efecto entre el color de un medicamento y los pacientes a quienes se les receta. La investigación reveló que, mayoritariamente, los enfermos mostraban una clara preferencia por los colores rojo o rosa en las pastillas que deben de tomar. El azul y el blanco son los otros dos colores que siguen en esta curiosa clasificación.

Pero lo más significativo del estudio es la asociación positiva entre el color del medicamento y la voluntad de su administración. Es decir, que nuestro cerebro entabla unas relaciones de lealtad con la marca de un fármaco (fidelización) en función de su color. Los autores del estudio aseguran que si “los pacientes son reacios a tomar una pastilla por un prejuicio sobre su sabor, o simplemente porque el color no les gusta, habría que considerar hacer cambios en su aspecto”.

Afortunadamente, como la mayoría se administra con receta, esta fidelización se puede superar con una cierta facilidad por la autoridad del médico. Aunque con eso de los recortes y de ir paulatinamente eliminando fármacos de la lista de los subvencionados, parece que la nueva competencia en el sector nos lleva directamente a un nuevo modelo de márketing farmacéutico.

Anuncios