telepatia 

Los experimentos de telepatía no dejan de ser curiosos juegos de salón que hacen las delicias del respetable, que provocan la admiración ante los poderes del mago y que siembran la duda sobre el poder de la mente para intercomunicarse con otra. Ahora bien, el desarrollo informático ha abierto un nuevo campo de posibilidades que pueden hacer viable esta conexión sin cables de cerebro a cerebro.

Al fin y al cabo, sabiendo que el funcionamiento neuronal no es otra cosa que un biocircuito electrónico y que el software es capaz de convertirse en impulsos eléctricos, parece que la solución está al alcance de nuestras manos. Ya hemos comentado que ya existe ese cable que puede conectar el cerebro a un terminal de ordenador e intercambiar entre cerebro-máquina información. Así que, si es posible esta conexión, por qué no hacerlo con otro cerebro.

La experimentación con animales de laboratorio, ratones, ha probado con éxito esta interconexión cerebral. Y lo ha hecho con una ratón en EE UU y otro en Brasil. Ha bastado colocar unos microelectrodos cien veces más delgados que un cabello en ambos roedores e interconectarlos a través de un ordenador que actúa como filtro y traductor para que la comunicación sea más sencilla. 

Uno de los ratoncillos, adiestrado para presionar una palanca para obtener agua, enviaba las instrucciones al otro, adiestrado en leer señales y traducirlas en comportamientos, que rápidamente aprendía (sin ver al otro) que para beber debía presionar la palanca.Técnicamente, no estamos diciendo que una rata transmita su pensamiento a otra, pero la conclusión es que pueden llegar mensajes directamente de cerebro a cerebro.

Y si es posible esta conexión, como se pregunta el investigador principal de este experimento, Miguel Nicolelis, por qué no interconectar más de uno y crear una especie de red de ordenadores orgánicos. Aunque desde luego, para llegar a eso habría que ir despejando antes qué tipo de información pudiera ser capaz de transmitir un ser humano a otro y si, por ejemplo, es posible que se transmitan imágenes. Y si eso es posible, se podría transmitir la memoria, nuestros recuerdos.

El experimento con ratones, siendo muy importante y un avance significativo, no deja de ser una transmisión sencilla que podría compararse con la sencillez del telégrafo pero no con la complejidad que suponen las transmisiones de televisión (por ejemplo).

Aunque con lo que avanza la técnica, esta misma pregunta seguro que se la hicieron los inventores del morse y apenas unas décadas después estábamos de lleno entrando en la era tecnológica de las telecomunicaciones.

Las vías que se abren son inmensas y, puestos a imaginar, cabe todo, de aplicaciones biomédicas a psicológicas o sociales.

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