leopardo 

Somos fruto de un complejo mecanismo evolutivo. Gracias a él, todos los organismos tenemos una apariencia determinada que nos permite adaptarnos de la mejor manera posible a los hábitats y sobrevivir.

Los colores de la piel o pelaje, la forma de nuestras extremidades, las capas que nos cubren son una muestra de ello. Ahora bien, existen apariencias que no acaban de explicarse debidamente o, digamos, que no acaban de haberse depurado completamente. Y vamos al lío. Por ejemplo, algo determinante en todos los animales que hemos desarrollado visión es la posición que tienen los ojos en la cabeza. Así se explica que los herbívoros tengan situados los ojos en los laterales porque, según explican los biólogos, sacrifican parte de la visión frontal para tener un mayor campo de visión. Situados a los lados de la cabeza, llegan a tener un campo visual que les permite observar lo que ocurre en un ángulo superior a los 300 grados (prácticamente no tienen ángulos muertos), pero en cambio la visión superpuesta de los dos ojos apenas llega al 30%.

Así, de este modo, estos animales cazables pueden advertir la presencia de sus depredadores y escapar con más facilidad de sus garras. En cambio, los cazadores tienen los ojos situados al frente de la cabeza. La naturaleza les ha dotado de un campo de visión frontal y se explica porque, de este modo, cuentan con una mayor área confocal para calcular con precisión la distancia que les separa de sus piezas y no perderlas de vista durante su operación de caza. Su ángulo de visión total es de 150º, más de tres cuartas partes de él se ven simultánemente con ambos ojos. Asimismo, esta posición de los ojos les permite ver en 3D, lo que les da profundidad de campo.

Pero siendo esta explicación bastante plausible… ¿qué pasa con los primates? Los miembros de esta especie no están situados en la cúspide de la pirámide como depredadores. Es más, son objeto de persecución y caza. Parece lógico pensar, que les —y a los humanos por extensión— correspondería tener los ojos en el lateral… Entonces, ¿se trataría de una pifia de la naturaleza?

Parece que no, que existen otras variables para determinar las habilidades de los cazadores, y por ende de los perseguidos, al margen de la posición de los ojos en la cabeza. De hecho, en los perros —depredadores— la vista no es precisamente uno de sus sentidos más desarrollados. Una de esas variables para los primates —que viven por encima del suelo— es que gracias a su visión frontal en tres dimensiones son capaces de calcular la distancia que separa las ramas de los árboles.

No obstante, en el caso de los humanos, las últimos estudios van en la línea de que evolucionaron para afinar más la vista y ver detrás de los pequeños obstáculos.

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