vigorexia

Cuando uno pone la vista hacia adelante, al verano que se avecina, no puede evitar la tentación de mirarse algo más detenidamente en el espejo al salir de la ducha. Rápidamente, no puedo evitar la sensación de que hay que acometer algún reajuste. Dietas y ejercicio son las soluciones más habituales y, en cierta medida, si se hacen con unas pautas adecuadas no solo serán buenos para perder esos kilos de más, sino que además valdrá para estar mejor a todos los niveles.

Si vamos al gimnasio, ya sabemos, hay de todo, pero siempre llaman la atención los mazas, esos que se toman el ejercicio y las pesas como una penitencia existencial cuyo único fin es esculpir esos pectorales y esa tableta de chocolate a base de machacarse en el gimnasio y de tomar alguna cosilla…

Salvando los profesionales del culturismo, que puedan vivir de sus concursos de Mr. Olimpia y Mr. Universo, amen de ser monitores en el gimnasio, hay mucho individuo haciendo rutinas de ejercicios y tomando grandes cantidades de proteínas y de hidratos de carbono complejos para poder soportar las eternas sesiones de machaque y así incrementar su volumen muscular. Llega a ser a veces enfermizo. Y de hecho, si no lo es ya, poco falta para que esos obsesos del gimnasio y el ejercicio se conviertan en enfermos de algún tipo. Se le ha llamado a esa tendencia exagerada al ejercicio de pesas vigorexia, aunque recibe técnicamente el nombre de dismorfia muscular. En España, según el Colegio de Farmacéuticos, hay unos 700.000, y en EE UU son el 10% de los que van a un gimnasio.

Es difícil clasificar este trastorno, ya que acampa entre un trastorno alimentario y otro de sobre entrenamiento con un componente más psicológico y obsesivo. El primero tiene un componente que gira entrono al consumo masivo de proteínas para poder incrementar el volumen muscular, y también de carbohidratos, que serán los que permitan fabricar la energía para poder soportar sesiones maratonianas de entrenamiento.

El otro componente es mas difícil de valorar. Es algo más obsesivo, más psicológico. Hasta cierto punto tiene parecido con la anorexia, por cuanto la gente no se ve como es en realidad. En el caso que estamos tratando, se ven delgaduchos y flojos, motivo por el cual se meten las panzadas de pesas que se meten.

El ejercicio tiene un componente importante de recompensa. Este componente es el que, de alguna manera, anima al deportista a repetir el entrenamiento. Esto es debido a que el cerebro fabrica unas moléculas llamadas péptidos opioides (endorfinas y encedalinas). Estas sustancias se fabrican como consecuencia del ejercicio y, al ser liberadas, tienen efectos analgésicos, ayudando a la desaparición del dolor y favoreciendo la recuperación tras el esfuerzo. Paralelamente, pueden generar sensaciones de euforia, placer y felicidad. Si uno entrena duro de verdad, ve que su masa muscular crece, percibe que se recupera cada vez mejor y sin dolores y encima se siente a tope, ¿cómo no va a querer repetir el ejercicio la mañana siguiente?

Jesús Pintor, catedrático de Biquímica

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