cafe y nicotina 

Para algunos, el secreto está en la mente; todo es posible con voluntad. En cambio para otros, somos máquinas perfectamente engrasadas que funcionamos a base de química, que estimula la segregación de determinadas sustancias —hormonas—, que son las responsables de todos nuestros actos. Lo de siempre, lo puramente espiritual contra lo estrictamente mecánico. Es la contradicción permanente, esencia del ser humano.

Estas contradicciones se ponen de manifiesto de una manera palmaria al ejecutar determinadas acciones. ¿Quién no ha escuchado alguna vez eso de yo fumo, porque a mí el tabaco me relaja? O eso de ¿nos relajamos tomándonos un cafelito? La nicotina y la cafeína son por principio estimuladores del sistema nervioso. Es decir, estamos ante dos sustancias que provocan por su propia composición una activación de determinadas funciones de nuestro organismo. Vamos, que químicamente es imposible que el tabaco o el café tengan efectos relajantes.

Grosso modo, todo lo que podemos ingerir se puede clasificar en dos grandes grupos: aquellas sustancias que estimulen o que inhiban el sistema nervioso. Si lo limitan, sus efectos son calmantes o relajantes. De lo contrario, son estimuladores.

Ahora bien, sin obviar estas consecuencias químicas sobre nuestro organismo, ciertamente pueden resultar relajantes. En este momento es cuando interviene un aspecto no menos importante en nuestra especie: la conducta, que también tiene consecuencias químicas. O sea que, aunque la nicotina es estimulante, la acción de fumar puede resultar relajante. ¿Por qué? Simplemente porque esta acción hace que mantengamos una respiración más profunda —al inhalar el humo del cigarrillo—, hecho que está directamente relacionado con producir una mayor oxigenación en la sangre y, por lo tanto, liberación de tensión muscular. O en el caso del café de sobremesa, esta conducta nos provoca una mayor relajación porque supone una pausa en situaciones que nos provocan estrés.

Este camino intermedio, relajan pero parcialmente, es algo que preocupa al estamento médico, ya que en sistuaciones de estrés, los efectos de tabaco y café pueden ser realmente nocivos. Las tres fases —la de encender las alarmas ante un hecho o persona desconocida, la de mantener encendido el sistema de alerta para prevenir el peligro y la tercera y más peligrosa, la de las alteraciones físicas o agotamiento por prolongar este estado de tensión— determinan un aumento de los niveles de cortisol y adrenalina. Sus efectos son perfectamente conocidos: aceleración del ritmo cardiaco, dilatación vías respiratorias, aumento de volumen de sangre en determinados músculos, tensión muscular…

Así, sin adentrarnos en ninguna polémica, si sus niveles de estrés son altos, fumar o tomar café previsiblemente provocarán en su cuerpo una motivación extra para seguir alterándose; es decir, que aceleraremos el proceso de agotamiento fisiológico.

Fume o tómese cuantos cafés o cigarrillos quiera, pero al menos sea consciente de que los efectos de la nicotina o la cafeína no resultan iguales si está estresado. Y qué caramba, a falta de comprobar lo contrario, solo tenemos una vida y mejor disfrutar de ella, ¿no?

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