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Los que tenemos una edad —sea una forma eufemística de señalar que formo parte del pelotón de los Torpes Sin Fronteras en el manejo de los teclados de los móviles— conocemos bien el suplicio que supone enviar un SMS. No hay quien se aclare con las veces que hay que apretar la teclita para que salga la dichosa letra. Eso por no hablar de la configuración esa del demonio del T9, que se vuelve loco a escribir palabras que ni quiero ni había pensado escribir.

Cuando llegaron los smartphones parecía que iba a llegar la tranquilidad, perooooo… a algún gracioso se le ocurrió añadir un corrector automático al sistema y la de pifias que me obliga a cometer. Aunque, a fuer de ser sincero, debo de reconocer que si escribo con un cierto cuidado —o sea, fijándome en la pantalla— el corrector puede resultar de gran ayuda y de gran ahorro de tiempo a la hora de escribir los mensajes.

Lástima que no exista un corrector para los bolígrafos. La de patadas que se podrían evitar y la de disgustos que me ahorraría cuando corrijo exámenes. Porque, y llámenme antiguo si quieren, no hay nada que más duela a la vista que leer un folio plagado de errores ortográficos —y no me refiero solo a los acentos, que no soy tan tiquismiquis—. 

Parece, no obstante, que la electrónica también va a acudir al rescate de los amanuenses y que los escribas menos preparados podrán, a partir de ya, en más o menos un año, reparar todas aquellas faltas que cometan cuando se enfrenten al folio en blanco.

El proyecto Lernstift, el bolígrafo que identifica los errores ortográficos o gramaticales, ha sido emprendido por Falk y Mandy Wolsky. Aun atraviesa la fase de desarrollo, pero sus diseñadores esperan tenerlo listo para su comercialización en los primeros meses de 2014.

El prototipo se basa en la colocación de unos sensores en el bolígrafo que sean capaces de reconocer los movimientos de muñeca necesarios para escribir cada letra, así como las combinaciones que forman las palabras. Cuando detecte un error, advertirá a quien lo maneje,  mediante una vibración, de que se ha equivocado.

Según se ha avanzado, cuando se ponga el dispositivo en modo ortografía vibrará una vez cuando se cometa un error ortográfico y dos cuando se cometa un error gramatical. Tendrá otra posición, modo caligrafía, que emitirá una señal cuando haya escrito una letra de manera extraña (vamos, que sea ilegible).

Explicado así, parece fácil, pero lo cierto es que si se llega a comercializar, sus diseñadores habrán tenido que desarrollar un complejo software que permita ese reconocimiento de caracteres o palabras.

Aunque yo, desde aquí, les aporto una idea: poner un código identificativo de la persona que lo utilice y cambiar el vibrato por una pequeña descarga eléctrica para los reincidentes. Porque, a esta altura de la película, no parece de recibo que se sigan cometiendo faltas de ortografía o que la informática oculte la burricie. Que no se trata de ahorrar malos tragos a quienes leen, sino de que los que escriban aprendan a manejar su idioma.

Enrique Leite

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