tequila

Cualquier solución que pase por utilizar los residuos se da por bienvenida. Y si además, esa basura sustituye a procedimientos químicos que a su vez generan nueva basura, pues mejor que mejor. Ya hemos comentado en alguna ocasión que ese es uno de los principios que guía la economía azul: que la basura generada en un proceso se utilice como materia prima en otro.

En este caso, los tiros apuntan a utilizar tequila para limpiar aguas contaminadas por metales pesados. Bueno, exactamente no el tequila, pero sí los residuos de la planta que se utilizan para su producción: el agave. Anualmente se producen miles de toneladas de residuos al procesar estas plantas, que directamente se acumulan sin darle ningún tipo de uso.

Resulta que estos residuos vegetales tienen ciertas propiedades que les permiten actuar como surfactantes naturales. La actividad minera produce residuos en forma de metales pesados que se diluyen en las aguas, contaminándolas. Para devolver esas aguas a su calidad original, hay que tratarlas. Hasta ahora se utilizaban procedimientos químicos para invertir el proceso; es decir, para volver a separar las moléculas de metal del agua. Esos procedimientos no solo resultan caros, sino que, a partir del momento que lo hemos conseguido, también obtenemos nuevos residuos. 

Pero sigamos con el tratamiento, los surfactantes son sustancias en solución que tienen la capacidad de cambiar la naturaleza hidrofílica de un sistema a hidrofóbica; es decir, que son capaces de romper los lazos de unión de esos metales con el agua —lo que permite que se diluyan— y los hacen aflorar por separado, que todas las partículas, incluidas las invisibles, se separen.

En el desarrollo de esa nueva técnica se afana un grupo de investigadores españoles y mexicanos que se han propuesto utilizar los restos de agave como materia prima de una futura planta piloto de tratamiento y depuración de aguas en Durango (México).

Una vez conseguido, lo único que falta por determinar es qué hacer con el producto filtrado. Si además de conseguir la biorremediacón de las aguas, los investigadores logran que esos residuos resultantes sean biodegradados por el efecto de algun tipo de bacteria, se lograría rizar el rizo y hacer desaparecer del todo la basura.

En cualquier caso, hay que quedarse con lo que es posible a dia de hoy: utilizar un recurso que hasta ahora se tiraba para generar riqueza y, de paso, procurar un beneficio para el medioambiente, tanto por lo que supone devolver a las aguas a su estado natural como por evitar la acumulación de unos restos vegetales que no tenían uso concreto.

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