diente

Hoy la cosa va de ratones. En estos tiempos de crisis económica, la solidaridad también se impone en el universo roedor y unos compañeros de laboratorio se han empeñado en echarle una mano a su colega Pérez, ese mismo, el ratoncillo nocturno que trabaja intercambiando dientes de leche por regalos a los más peques, y evitar que pierda su trabajo.

El experimento se puede resumir en una frase: “Un implante de células madre de ratón consigue hacer crecer los dientes”. Se ha logrado en el Reino Unido. El grupo investigador logró desarrollar in vitro lo que se podría denominar el germen de un diente. Un tejido hibrído que utilizó células humanas y de ratón.

Para ello utilizaron células epiteliales gingivales de humanos y células madre de embriones de ratón. Es decir, una mezcla que porta en su interior el libro de instrucciones para que pueda desarrollarse en su integridad los dientes. Entre ambos tipos de células se produjo una comunicación. 

Las células de las encías transmiten la orden a las células madre del roedor y estas se pusieron a producir una pieza dental. Al menos así ocurrió al trasplantar este cóctel al ratoncillo, donde derivó en una estructura dental reconocible, con dentina, esmalte y algo que en su momento se convertirá en raíces. O sea, que se integra en igualdad de condiciones —con sus vasos sanguíneos y conexiones nerviosas— a la dentadura y cumplirá a pleno rendimiento sus funciones de masticación.

Aunque ahora se le está dando algo más de bombo, seguramente los aparatos de propaganda y difusión británicos son más potentes que los de otros países y, por aquello de que se ha combinado células de dos especies distintas, las investigaciones están arrojando resultados desde hace algún tiempo.

Hace dos años, un grupo de investigadores japoneses ya publicaron un artículo anunciando avances en esta misma dirección. En esa ocasión lo que se hizo fue cultivar células madres de los dientes de los roedores y ponerlos en un molde para que su crecimiento se fuera adapatando a los implantes a desarrollar. Cuando se desarrollaron, fueron insertados en unas crías de ratón.

Los investigadores comprobaron cómo esos dientes se fusionaron con el resto de los huesos y tejidos maxilofaciales y cómo fueron desarrollándose terminaciones nerviosas en su interior. Finalizado el periodo de lactancia, esos ratoncillos fueron capaces de masticar sus alimentos sin mayores problemas.

Parece que míster Pérez tendrá asegurado trabajo para rato. Otro día nos ocuparemos de las tareas de reciclaje a la que tendrán que someterse los odontólogos.

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