nariz 

La verdad es que nos lo temíamos. El tamaño de la nariz, de las fosas nasales, está en relación con el clima. Se trata de un mecanismo de adaptación que nuestra especie ha logrado desarrollar para sobrevivir mejor a las diferentes temperaturas que tienen los parajes donde hemos decidido poner nuestra tienda de campaña. O si lo prefieren, es el precio que hemos tenido que pagar por ser una especie andarina, que no se conformó con quedarse en África y prefirió explorar tierras lejanas buscando vaya usted a saber qué.

Así, las narices finas y alargadas están mejor preparadas para los climas fríos, mientras que las chatas y aplastadas resultan más útiles para los cálidos. La confirmación científica ha sido realizada por un equipo norteamericano y pone como responsable a los senos maxilares. Y vayamos por partes.

Además de albergar el sentido del olfato, por cierto el sentido más antiguo pero el menos desarrollado en nosotros, la nariz cumple un papel fundamental en la respiración. A través de ella se filtra el aire y llega a los pulmones en las mejores condiciones posibles de temperatura y humedad. En este sentido, cuando hace frío o sequedad en el ambiente, es mejor que ese aire pase por un tubo alargado y fino que permita que se caliente o coja humedad antes de llegar a los pulmones. En cambio, en los climas cálidos hay que evitar que ese aire que ya está a una alta temperatura se siga calentando. De ahí, que se acorten los conductos. 

Esa evolución ha sido posible gracias a los senos maxilares. Estos agujeros permiten que la nariz evolucione en su forma pero sin alterar otros elementos de la anatomía facial.

Lo cierto es que es estudio sobre la morfología nasal se hizo analizando a los macacos. ¿Por qué? Pues precisamente por lo que se comentaba al inicio, porque no son tan andarines y mantienen poblaciones estables sin migraciones en sus zonas. Y como los hay que viven en altitudes altas y otros en altitudes bajas, el análisis de sus fosas permite establecer un modelo que no este contaminado por tanto viaje. Luego se han limitado a extrapolar estos datos con los que existen de la morfología de los humanos.

Como estudio no está mal, pero es inevitable rememorar esa historia donde un hombre del color le preguntaba al Hacedor el porqué de su anatomía, sobre el color de su piel, su pelo rizado, la forma de su nariz… Y ante sus respuestas, que lo situaban perfectamente adaptado para vivir en el continente africano, el buen hombre se preguntaba: ¿Y qué hago yo entonces viviendo en Nueva York?

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