foca 

Dormir es fundamental para todos los seres vivos, pero tener sueño puede resultar un pésimo negocio, sobre todo cuando eres una potencial presa de un buen número de depredadores. Cada animal de la escala intermedia —los que serán comidos si no espabilan— en la escala trófica desarrolla sus propias mañas para poder alternar los momentos de sueño y vigilia y tener unos instantes a salvo para poder reparar su organismo (el sueño también es reparador para el resto de los animales).

El abanico de posibilidades que utilizan los vertebrados es variado y cada día se descubre una nueva. Quizá, por lo llamativo, merece la pena destacar la de las focas. Literalmente, estos mamíferos, que viven a caballo entre la tierra firme y el agua, mandan dormir a la mitad de su cerebro, la izquierda, mientras que la otra permanece activa y alerta ante lo que pudiera pasar.

Este curioso comportamiento solo ocurre mientras están en el agua —cuando duermen en tierra lo hacen a pata suelta, como lo hacemos nosotros, o sea con las dos mitades en modo sueño— que, lógicamente, es cuando la amenaza se cierne sobre ellas. Hasta el momento, solo se había observado estas pautas de sueño en los delfines, quienes mantienen activa la mitad de su cerebro, pero solo para poder subir a la superficie a respirar. 

Y resulta fascinante, porque las focas consiguen inhibir las sustancias químicas en una parte del cerebro y activarlas en la otra. En concreto, ellas son capaces de bajar los niveles de acelticolina (actúa como neurotrasmisor) en la zona que cerebral que ponen a dormir y, en cambio, mantienen en la otra —la despierta— los mismos niveles de serotonina. En este caso, la hormona que las mantiene en alerta.

Y no deja de ser interesante, porque de los animales podemos obtener importantes lecciones y argumentos para orientar las investigaciones de futuro. Los trastornos de sueño son uno de los problemas de salud que más de cabeza nos traen. A pesar de que se ha avanzado bastante en su conocimiento y patologías, estamos lejos de llegar todavía a una cura definitiva.

Estudiando los patrones de comportamiento de las focas, por ejemplo, se pueden encontrar pistas acerca de cuáles son los elementos químicos que nos mantienen perfectos o, por el contrario, aquellos cuya inhibición nos conducen a los brazos de Morfeo.

Lara de Miguel Fernández. Limnóloga

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