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Dicen que cuando Stanley Kubrick filmó la película Barry Lyndon en 1975  se obcecó en rodar algunas escenas interiores con la única luz de las velas de los candelabros presentes en la escena. Se comenta que para poder hacer la filmación con tan poca luz, el director de cine solicitó a la NASA que le prestara ciertas lentes que permitían a los satélites grabar en condiciones muy bajas de iluminación. Parece ser que la agencia espacial norteamericana le cedió de buen grado las mencionadas lentes. ¿A qué se debe tanta amabilidad? Pues parece ser que es debido al famoso mito de que los americanos no habían llegado a la Luna, sino que todo había sido un montaje realizado precisamente por  Kubrick aprovechando los escenarios de 2001: una odisea del espacio, filmada en 1968. De esta manera, la NASA le devolvía el favor anterior al laureado cineasta. Ahí queda eso… Si queréis hablamos de esto en otra ocasión…

Pero,  ¿qué hace que una lente, por ejemplo de una cámara fotográfica, funcione mejor en condiciones de baja iluminación?

Los expertos en fotografía, los físicos y los optometristas saben que uno de los parámetros que determina que una lente pueda ser ideal para condiciones de baja iluminación es un parámetro llamado f y denominado relación focal (que no distancia focal, que es otra cosa). Este número f  es la relación inversa existente entre la distancia focal y el diámetro de una lente. El número f es pues un valor que tiene un significado muy interesante. Por ejemplo, si el valor f es grande, eso quiere decir que hacen falta muchos fotones para poder registrar una buena imagen en nuestra cámara. Por el contrario si el f es pequeño, con unos pocos fotones ya tendremos suficiente para poder hacer una buena fotografía. Es por ello que las lentes fotográficas con f pequeños son más caras que las que tienen un f grande, entre otras cosas porque deben tener un diámetro mayor.

Este hecho no solo es relevante para los aficionados a la fotografía. Es muy probable que haya sido crucial para la evolución cuando hablamos de los ojos. Por ejemplo, los organismos más primitivos debían tener unas lentes, mejor dicho unos cristalinos, con unos parámetros f muy altos, de modo que solo en condiciones de mucha luz apenas llegaban a discernir sombras. Sin embargo, en la evolución, los trilobites desarrollaron unos ojos con un doble cristalino que les permitió ganar en contraste, se cree que hasta cinco veces mejor, disminuyendo el valor del parámetro f y por consiguiente mejorando su visión. Este hecho probablemente les permitió vivir a profundidades mayores y cambiar sus costumbres, haciendo que su éxito fuese inmenso hasta el momento de su extinción.

Una vez más, las repuestas al desarrollo de la técnica actual las encontramos realizando una simple observación de la naturaleza. Al fin y al cabo, miles de años de evolución no van a equivocarse, ¿no?

Jesús Pintor, catedrático de Bioquímica

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