dolor de cabeza 

De los males comunes que nos aquejan, sin duda los dolores de cabeza o migrañas son de los más molestos o inhabilitantes. Mucho se ha investigado sobre sus causas y más allá de remedios puntuales para paliar sus efectos, la ciencia —o la medicina, si lo prefieren— ha logrado desarrollar pocos tratamientos para evitar que se reproduzcan.

Aquellos que los padecen deben de conformarse con acudir al uso de analgésicos, más o menos potentes en función del dolor, y ralentizar sus actividades hasta que nuestro riego cerebral vuelva a la normalidad. Los últimos estudios apuntan que, para determinado tipo de migrañas, los analgésicos naturales —es decir, los que produce nuestro propio organismo— son un buen remedio. Estos neurotransmisores no son otros que las endorfinas. Y nada tan liberador de endorfinas como practicar sexo.

El grupo de investigadores alemanes comprobó que los bajos niveles de serotonina, también conocida como el neuropéptido de la felicidad, es uno de los desencadenantes de las migrañas. Como todos los neurotransmisores, cumple varias funciones. Sabemos que está implicado en el umbral del dolor de las personas, el estado de ánimo —su ausencia es uno de los desencadenantes de la depresión—, el sueño, el apetito y el impulso sexual, entre otras acciones. Luego parece lógico pensar que si nos ponemos a producir endorfinas como locos, las migrañas desaparecerán.

Y lo que en el papel suena razonable, parece que se cumple en la práctica. Sometidos a un test un grupo de pacientes aquejados de migrañas o de cefaleas en racimo, los científicos pudieron comprobar, al analizar las respuestas, que no todos los aquejados de este tipo de dolor huía de las prácticas sexuales y que en dos terceras partes de los casos, realizar esta actividad mientras padecían sus ataques les producían alivio.

De hecho, una pequeña parte de los afectados por migraña declararon que acudían al sexo como remedio natural, habitual y eficaz para terminar con este molesto dolor. Los neurólogos implicados en la investigación, cautos ellos, prefieren asegurar que el deseo sexual y los dolores de cabeza pueden verse influenciados por la misma química cerebral y que esta relación —en este caso positiva— representa un paso más para determinar el origen de la migraña y encontrar nuevas pautas para mejorar su tratamiento.

Sea como fuere y de manera más prosaica, con la publicación de este estudio se tira por la borda una de las excusas más manidas utilizadas para huir de parejas pegajosas. Ya no vale eso de “cariño, hoy no toca, que me duele muchísimo la cabeza”. No vaya a ser que cariño este al cabo de la calle y de la vuelta al argumento y le ponga a satisfacer el débito.

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