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Cuando pasas de cierta edad o simplemente cuando las vivencias se van acumulando ,pasamos buenos momentos dándole al review de la memoria y recordando esos tiempos pasados. Momentos de ensoñación que, curiosamente, siempre se detienen en un punto a partir del cual no somos capaces de recordar nada.

Es como si tuviéramos cada uno una señal inscrita en nuestro cerebro donde comenzara a funcionar la grabadora. Y más o menos eso es lo que ocurre. A partir de un momento de nuestra vida, comenzamos a recordar. Es lo que se llama amnesia infantil o amnesia de la infancia y tiene que ver con la capacidad de nuestras neuronas de establecer conexiones y las respectivas redes de la memoria.

De hecho, hay regiones del cerebro que no alcanzan su madurez hasta pasar la adolescencia. Pero volvamos a la memoria y a los recuerdos. Para tenerlos es preciso tener consciencia del propio ser, de poseer una identidad propia que nos diferencia de los demás. Esta capacidad, de momento solo probada en humanos aunque no sabemos si en exclusiva, porque diversas investigaciones ponen en tela de juicio esta afirmación, se desarrolla desde que nacemos en la corteza prefrontal, en el hipocampo y en la amígdala, las tres áreas cerebrales encargadas de construir la memoria. Los bebés comienzan a desarrollarla desde sus primeros días de vida fuera del útero materno y técnicamente estan capacitados para guardar recuerdos a partir de la cuarta semana de vida.

Pero parece que el desarrollo de estas regiones cerebrales interfiere en el almacenamiento de la memoria a largo plazo o, dicho de manera algo más entendible, la creación de nuevas neuronas en el hipocampo, por ejemplo, impide que se establezcan conexiones duraderas donde se puedan almacenar los recuerdos.

De hecho, esa memoria a corto que tienen los bebés les permite aprender y familiarizarse con su entorno, pero se difumina según se van complicando las redes neuronales. Los bebés también aprenden a olvidar y a liberar espacio en su disco duro para almacenar otro tipo de datos que les serán más útiles en el futuro.

El desarrollo del lenguaje, por otra parte, de la capacidad de compresión y de verbalización de conceptos, es la segunda fase que opera para la consecución de la memoria, ya que el ser capaz de relacionar palabras o sonidos con objetos, ofrece la capacidad de formular pensamientos abstractos, que también se van alojando en la memoria.

Factores naturales, genéticos y ambientales, educativos, actúan pues en paralelo y en ese punto obtenemos la explicación del porqué algunos tienen recuerdos que les transportan a los cuatro años mientras que otros no son capaces de tener imágenes de su pasado más allá de los seis, por ejemplo.

Cada cual marca su propio camino.

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