invisible

Hacer desaparecer un objeto a la vista y por lo tanto convertirlo en invisible: un truco solo al alcance de los grandes magos o para la mente de los guionistas de películas de ciencia ficción. Pero, desde hace muy poco tiempo, una realidad de laboratorio en Texas (EE UU).

La invisibilidad de los objetos era algo teóricamente posible. Basta tan solo con anular las ondas que emiten los objetos para que estos no puedan ser captados por la visión humana y se vuelvan transparentes a nuestros ojos. Es la sencilla traslación de las leyes de la reflexión en un complicado fenómeno que se produce en la corteza cerebral.

Sin adentrarnos en muchas complicaciones, y teniendo en cuenta que la visión es un fenómeno que no se desarrolla del mismo modo en todas las especies vivas, podemos decir —en lo que nos toca a los humanos— que todos los objetos o figuras proyectan (reflejan) ondas cuando les da la luz. Estos estímulos luminosos son recogidos por el ojo, que los envía al cerebro, donde se transforman en sensaciones visuales. La luz entra en nuestros ojos (donde se enfoca la imagen) llega a la retina, donde se activan las células sensoriales que la transforman en energía nerviosa. Estos impulsos llegan al nervio óptico, que los traslada a la corteza cerebral, donde se interpretan, reconocen y procesan. Y la visión aparece.

Teniendo en cuenta este proceso descrito, bastaría con anular ese campo de ondas para que cualquier cosa resultara invisible a nuestros ojos. Y decimos invisible porque los objetos seguirían estando en su sitio, solo que escaparían a nuestro campo visual; es decir, que solo desaparecerían de la vista. Es como si los cubriéramos con una manta transparente.

Construir esa capa es algo en lo que se lleva trabajando desde hace años en los laboratorios de física y que es una realidad hoy en día. De momento, ya han conseguido ocultar totalmente a la vista un objeto tridimensional, una vara de 18 centímetros de largo.

Estos investigadores norteamericanos han conseguido desarrollar una pantalla metálica extremadamente delgada realizada en cobre y en policarbonato que ha sido capaz de anular las ondas lumínicas de los objetos que cubre consiguiendo ese efecto de transparencia. Para ello, tuvieron que situar la frecuencia de las microondas en 3,6 Ghz.

Otro gran paso para culminar otro sueño de la humanidad, aunque el camino que queda por recorrer todavía es grande. La micropantalla es rígida y, de momento, solo sirve para ocultar un tipo determinado de objetos… Ahora habrá que probarla con otros que tengan otras formas y que sean asimétricos, así como conseguir que la superficie de la pantalla sea lo suficientemente flexible para volver transparente cualquier elemento.

A este paso, parece que la profesión de mago corre serio peligro de extinción.

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