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Ojos del Guadiana, foto Greenpeace

A los que nos gusta la naturaleza nos suelen impresionar los nacimientos de los ríos. Comprobar cómo un pequeño manantial se acaba convirtiendo en un gran cauce de agua donde florecen numerosos ecosistemas.

Yo, que soy de planes de estudio pretéritos —ahora no sé con exactitud si los estudiantes de secundaria estudian eso— aprendía en esas aulas de geografía que el Guadiana era un río peculiar. Brota en la montaña, en los alrededores de las Lagunas de Navalcudia, trascurre por su cauce y, unos kilómetros más abajo, pasadas las Lagunas de Ruidera, desaparece bajo la tierra para volver a surgir en un punto que, tradicionalmente, se ha denominado los Ojos del Guadiana.

Un fenómeno realmente inusual que dio pie a que el imaginario popular construyera numerosas leyendas y, en España, el dicho “eres como el Guadiana”, haciendo referencia a personas que desaparecen como por arte de magia y vuelven a aparecer. Técnicamente no es que se convierta en un río subterráneo, sino que se filtra en un sistema acuífero a través de las múltiples fisuras en las rocas. 

En cualquier caso, el espectáculo de su renacimiento es algo digno de ver…  pero que gracias a la sobreexplotación de las aguas se ha hurtado a diversas generaciones desde hace apenas tres décadas. La acción del hombre, una vez más, se ha mostrado como la más depredadora. Afortunadamente, y gracias a los cambios que ha provocado el cambio climático y alguna que otra medida restrictiva respecto a la explotación de las aguas subterráneas, parece que se puede solventar esta auténtica catástrofe ecológica.

Tres de los últimos cuatro años se pueden considerar como hidrológicamente húmedos en esta parte de la Península Ibérica, algo insólito sin duda, y el volumen de precicipaticones que se ha registrado ha permitido una recarga del Acuífero 23 y de otro gran acuífero, el 24, que se comunica con el anterior y le transfiere recursos, unos 55 o 60 hectómetros cúbicos de agua cada año. A este trasvase entre acuíferos se ha unido la recarga que se ha producido a través de las aguas superficiales, con especial incidencia de la que ha llegado desde el río Azuer y desde el Guadiana Alto, que ha propiciado que el río Záncara conecte con el río Gigüela.

La mediciones realizadas por técnicos del Instituto Geológico Minero de España (IGME) señalan que se perciben brotes de agua en puntos próximos a los tradicionales Ojos, a tan solo “dos metros de la superficie en las zonas más bajas” del cauce del río.

Esta vuelta a la normalidad permitirá que, a mediados del mes de mayo o principios del de junio, los encharcamientos que se producen en los Ojos del Guadiana y a los que la leyenda atribuye el renacer del río broten de nuevo.

Confiemos en que a partir de ahora sea una realidad, para disfrute de las generaciones venideras.

Enrique Leite

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