miradabebe

De todos nuestros sensores, los de la visión serán los más importantes en la vida del futuro niño pero antes se pretendía, ciegamente, que el bebé llegaba al mundo sin capacidad para ver. Ahora los expertos sostienen que cuando el ojo se abre permite ver y aunque en los inicios no percibe el gran mundo al que se enfrenta, sí es capaz de distinguir luz, colores, contrastes, movimientos y fijarse en las caras y rostros que están dentro de su campo visual.

De todos ellos, especial interés despierta en el nuevo ser el de su madre, sobre todo sus ojos. Tras un periodo de reposo, en un estado de vigilia tranquila que puede durar varios minutos, comienza una actividad oculomotriz impresionante. Madre y bebé han experimentado picos de adrenalina durante las ultimísimas contracciones que preceden al nacimiento. La elevada cantidad de adrenalina implicada en este proceso provoca en el bebé, en alerta, una dilatación pupilar fascinante. Ahora está tranquilo y mira concentrado, estupefacto. Esta protomirada que viene de las profundidades del cuerpo materno es turbadora y con ella da comienzo la relación madre-bebé imaginada.

Si, como suele decirse, la primera impresión es la que cuenta, esta debe ser la madre del cordero de todas las primeras impresiones. Hay quien en ese instante se reconoce como padre o madre y adiciona gustosamente esa cadena a su vida.

Los que desconfiamos de la cultura de la técnica y la separación en el momento del parto sumamos nuevos argumentos para criticar el secuestro del bebé por parte de los profesionales para someterlo a todo tipo de cuidados nada más abandonar su cálido entorno.

Con unos segundos basta, si el bebé está cerca, para no romper este vínculo visual del que puede depender nuestro futuro apego parenteral.

Laura Castillo Casi, enfermera

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