viagra y peso 

Cuando enfermamos, la sabiduría popular atribuye a los medicamentos una serie de propiedades para curarnos, al mismo tiempo que los señala como causantes de nuevos males. “Lo que se arregla por un lado se estropea por otro”, viene a decir el dicho.

Y no resulta del todo desencaminado, ya que los famosos efectos secundarios que puede tener la ingesta de determinado tipo de sustancias no son otra cosa que eso, desajustes en el organismo. Por ejemplo, cuando nos recetan antiiflamatorios hay que ingerir las famosas bombas de protones para proteger los efectos negativos de la producción de ácido en los jugos gástricos en el estómago. O sea, que la reducción de la inflamación puede conllevar un problema estomacal si no se toman precauciones. Pero no pretendemos abordar ahora el mundo de los efectos colaterales.

Del mismo modo, los medicamentos no tienen un solo uso… Al igual que nuestras hormonas, en el mundo de los componentes o principios activos existe el pluriempleo. Así, con el uso se descubren otro tipo de empleos secundarios para determinadas sustancias. Eso ocurrió con la famosa Viagra, que se desarrolló en un primer momento como una posible cura ante dolencias cardiológicas y vean ustedes dónde acabó trabajando.

Pero la pastilla azul pretende seguir asombrándonos. Además de una eficacia probada para levantar la pasarela, podríamos estar ante un remedio para ayudar a perder peso. Y no nos referimos al inherente aumento del ejercicio físico que se practica con el sexo.

Un estudio, que no vamos a citar porque está en fase de confirmación todavía, apunta a que su principal componente, el sildenafilo, favorece a que el cuerpo almacene grasa parda, un tipo especial de grasa con una gran concentración de mitocondrias cuyo papel es quemar energía y elevar su temperatura para proporcionar calor; es decir, que adelgaza, al contrario que la blanca, que es la que tanto nos cuesta eliminar de las lorzas de nuestro cuerpo.

Este componente potencia la acción —evita su degradación— del GMP cíclico, la molécula que controla la presión arterial (de ahí sus beneficios para problemas coronarios) pero también que impide la secrección de hormonas inflamatorias y que, es lo que pretende probar el estudio, decide qué tipo de grasa almacena el organismo.

Pero como con esto de los medicamentos hay que ser muy cautos, por aquello del diseases mongering, habrá que esperar un tiempo antes de lanzar las campanas al vuelo y santificar a la pastilla azul por aquello de que le ayudará a perder peso. Eso sí, y por mor de los efectos secundarios para los varones, si se usara para este último fin, habría que esperar unas horas para salir a la calle no vaya a ser que hagamos buena la frase de Mae West de “¿lleva la llave inglesa en el bolsillo de su pantalón o sencillamente es que se alegra de verme?”.

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