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La ortodoxia cristiana dice que somos “imagen y semejanza de Dios”… pero como este señor (o ¿señora?) “está en todas partes” no debiéramos ser tan distintos de otras especies como nos creemos porque, de ser así, habría que buscar la intervención del Maligno en los elementos que nos diferencian del resto —a nosotros o a ellos—. Digo yo.

Así que, si obviamos la arrogancia que nos caracteriza —quizá esa parte de nuestro carácter es obra del mismísimo demonio— y evitando las comparaciones —existen cientos de cosas que nos hacen bastante más torpes y menos inteligentes que muchos animales—, así como en aras de buscar esos puntos comunes que nos asemejan al resto, por aquello de sumar y no restar —ya saben: siempre positivo nunca negativo—, habrá que tirar de la genética para encontrar ese tronco común y esas líneas que nos definen. Porque seguro que existe algo que objetivamente nos haga ser distintos.

Desde que en el año 2006 se hizo publico el genoma humano, llamó poderosamente la atención un grupo de genes denominados HAR, que responde a las siglas Human Accelerated Regions (regiones humanas aceleradas). Estas regiones, que son un total de 49, la presentan muchos vertebrados, pero las que tenemos los humanos son muy diferentes a la del resto, incluso a las de los chimpancés, que tan cerca están de nosotros en la escala evolutiva.

Uno de los genes el llamado HAR1, que se encuentra en el cromosoma 20, tiene un papel muy relevante. Este gen solapa con otros genes próximos, como el HAR1F, que tiene mucho que decir en desarrollo del cerebro humano. ¿Será por eso que somos más inteligentes? ¿Serán las diferencias de este gen entre los humanos y los monos los que nos hacen ligeramente superiores?

Otro gen de la familia es el denominado HAR2. Este gen, también muy diferente entre humanos y chimpancés, puede ser el responsable del uso del dedo pulgar de manera diferente a como lo hacen los monos. También este gen tiene que ver con otro aspecto esencial que nos diferencia; a saber, la estructura del tobillo, la cual permite que podamos caminar de manera erguida sobre dos piernas.

El motivo de la diferencia no solo es la existencia de esos genes, sino el hecho de que estos hayan mutado de manera muy rápida (de ahí su nombre) y que estas mutaciones hayan llevado a las características que nos hacen diferentes al resto de las especies.

Ahora le toca a usted decidir si esa mutación se debe a la intervención de la mano del creador (vamos, como lo de Maradona y el gol del Mundial) o, sencillamente, ha sido fruto del azar… Eso de estar en el momento oportuno en el sitio adecuado y a la hora decisiva.

Jesús Pintor, catedrático de Bioquímica

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