menta 

En varias ocasiones hemos hablado aquí de la importancia del olfato. Los olores nos acompañan a lo largo de nuestra vida y a través de esos aromas somos capaces de reducir el esqueleto de un entorno a sensaciones primarias de placer y tranquilidad o de inquietud o de terror.

Proliferan los estudios que demuestran que este sentido se va educando desde que nacemos y que cada uno de nosotros vamos desarrollando un ramillete de fragancias que van a actuar como algo más que un efecto placebo y que nos facultan para relacionarnos con nuestro hábitat. De hecho, la aromaterapia es un arte milenario que intenta reeducar nuestro equilibrio.

Inhalamos aromas nos ayudan a mantener la sensación de paz o que por el contrario excitan nuestros placeres más bajos. De eso saben mucho los creadores de perfumes, que desde antaño vienen señalando a determinados aromas como afrodisíacos o de frescor, por ejemplo. 

Ahora bien, ¿existe un patrón universal cuando hablamos de olores o cada cual elige por narices su propio catálogo? Para saber eso hay que acudir a la química y estudiar si determinadas sustancias que contienen las fragancias producen un efecto sobre nuestro organismo.

A esos dedican unas cuantas páginas en la revista Journal of Agricultuural and Food Chemistry. Y la respuesta es positiva: existe una serie de olores que afectan a la química de nuestra sangre, que regulan la actividad de determinados genes de tal modo que contribuyen a disminuir los niveles de estrés.

El estrés, ya lo hemos comentado, es un sistema de alerta en el que entra el organismo cuando nos sentimos amenazados. Una situación que hace que se disparen los niveles de neutrófilos y de los linfocitos (unos determinado tipos de glóbulos blancos que potencian el sistema inmune). Un aumento que se produce, a su vez, por la producción de histamina (un neurotransmisor).

La investigación publicada ha demostrado que si se aspira linalool, una sustancia que contienen más de 200 plantas, se normaliza esa producción de leucocitos y se reducen esos altos niveles. Es decir, ese estado alterado que nos provoca el estrés se paraliza y nos provoca un efecto relajante. El estudio avanza que esta sustancia de origen vegetal actúa positivamente modificando la actividad de un centenar de genes que actúan ante las situaciones de estrés.

El limón, la naranja, la albahaca, el mango, la lavanda o la canela son algunas de las plantas aromáticas que producen linalool, que tiene un toque mentolado. El linalool es la esencia aromática en muchos productos de cosmética, pero también se utiliza como reactivo químico intermediario necesario para producir vitamina E, lo que puede tener efectos similares a los que provoca el diazepan (valium).

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