recien nacido

Algunos autores encuentran que los cambios hormonales que acontecen durante el embarazo ejercen un papel protector de las neurosis. Pero tras dar a luz desaparecen, es más, el acontecimiento vital más esperado durante nueve meses deriva en innumerables ocasiones en trastornos psíquicos que abarcan diversas formas de depresión. Un grupo especialmente sensible es el de las mujeres que previamente vivieron una experiencia obstétrica traumática.

Este fue el caso de la madre de Julie, quien perdió un bebé en dolorosas circunstancias y durante su segundo embarazo fue objeto de un seguimiento minucioso por los servicios de Protección Materno-Infantil. Cuando, tras el nacimiento, le mostraron a la niña, su madre no la miró, gritó asustada varias veces. Julie fue entonces colocada sobre el vientre materno. Sus ojos fijos le contemplan intensamente. La comadrona comenta: “Te está mirando”. Pero la madre desvía una y otra vez su vista hacia el techo. Tras unos minutos, sus ojos bajan hacia ella, se enganchan, se desvían nuevamente, vuelven, se van otra vez. Julie no dejó de observarla ni un segundo. Esa madre necesitó quince minutos para aceptar a su hija y susurrar su nombre… Julie.

El milagro se produjo tras el primer examen ocular entre mamá-bebé. Entonces, ¿podemos colegir que sin este encuentro entre los protagonistas podría tener lugar una mayor incidencia de rechazo maternal o inestabilidad emocional tras el parto? Según los veterinarios, en los mamíferos este contacto se produce de forma inmediata y los animales domésticos precisan de él para ser aceptados y amamantados.

La verdadera historia entre Julie y su madre reside en ese intercambio visual que las acercó y creó el apego necesario para fundar una relación reparadora. Julie escruta el rostro materno y la adrenalina postnatal confiere a su mirada esa dilatación ocular que fascina a su madre. Otras compañeras acuden para animar el festín. Entre ellas destaca la oxitocina, que inducirá la conducta maternal.

Esta hormona, también llamada del amor, inyectada en el cerebro de una rata virgen o una rata macho provoca el instinto de cuidar a los cachorros y, a la inversa, si administramos un antagonista de oxitocina directamente en el cerebro de ratas que acaban de parir, no prodigarán atención alguna a sus crías. A este menú adicionamos además las endorfinas, una especie de morfina natural secretada por vástago y progenitora, y que como cualquier opiáceo crea dependencia. Así nos encontramos a una mujer con su hijo, repletos ambos de sustancias altamente adictivas, en un estado de disponibilidad excepcional… y dispuestos para el primer encuentro amoroso. ¡Un banquete sensorial!

Si la madre no ha intercambiado mirada alguna con su bebé, puede sentirse frustrada y culpable. Imaginen perderse esta fiesta por ciertas rutinas hipercontroladoras del proceso de nacer que se han instaurado en nuestra sociedad.

Aun hay más… Algunos aseguran que ese primer hechizo puede influir en nuestro gusto personal para posteriores flechazos. Yo me apunto al guateque. Aunque luego pueda llegar la resaca postparto…

 Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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