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¿A cuántos hombres les han acusado alguna vez de “comerse con los ojos” algún ejemplar del sexo opuesto? Sin embargo, investigadores de cuestiones sexuales afirman que las mujeres admiran el cuerpo masculino tanto o incluso más que los hombres, pero gracias a su visión periférica ¡no son pilladas in fraganti! Hombres y mujeres no solo vemos diferente, también fijamos nuestra atención de distinto modo.

Además de disponer de un mayor número de células cónicas en la retina —las responsables de detectar el color—, las mujeres gozamos de una visión periférica más amplia que los hombres. La estructura cerebral de la mujer permite un ángulo de visión de al menos 45° por cada lado y por encima y por debajo de la nariz, así que se puede decir que muchas mujeres tenemos ojos en la nuca.

Los ojos masculinos, en cambio, se han configurado evolutivamente para ver a larga distancia, como si fueran prismáticos. Para su labor de cazador, el hombre necesitaba un tipo de visión que le permitiese identificar una presa a lo lejos y de esta forma anuló casi por completo su visión periférica para evitar distracciones. En cambio, la mujer, ocupada en cuidar la cueva, precisaba un extenso ángulo de visión para controlar que ningún depredador pudiera acceder a ella.

Según un estudio publicado en la revista Vision Research, existen otras divergencias en el modo de enfocar entre los dos géneros. El director de la investigación, el doctor Itti, utilizó una cámara para observar las sacudidas oculares de los participantes mientras visionaban unos vídeos. De esta forma comprobó que los varones, cuando sostenían una conversación con otra persona, centraban su atención en la boca mientras que las féminas, por el contrario, lo hacían principalmente en los ojos de la otra persona.

Los hombres, cuando realizaban estos movimientos de distracción, se fijaban en el movimiento que se producía detrás de la persona con quien hablaban y ellas, por su parte, se dejaban atraer por quienes se colaban en su cuadro de visión. Las mujeres son mejores en reconocimiento facial, ya que almacenan muchos más detalles del rostro que luego serán imprescindibles para identificarlos.

Estas desemejanzas tienen implicaciones importantes en nuestras vidas y podemos sacar de ellas alguna enseñanza. Aunque miremos un mismo objeto, un hombre nunca lo verá de la misma forma que una mujer y esta disparidad no es solo cultural, sino también biológica y de evolución.

Podemos concluir que, a priori, en caso de naufragio, el designado para otear el horizonte a la espera de divisar un avión o un barco de rescate mejor que sea un hombre, pero para desenmascarar un atracador en una rueda de reconocimiento más vale aprovechar las facultades de las damas. Aunque la duda me asalta si se trata de tareas de espionaje… ya que podrían ser necesarias ambas cualidades.

Pero sobre todo, ¡señoras!, si estando frente a su enamorado éste le traspasa literalmente con la mirada y usted al girarse comprueba que quien suscita tal atención es una atractiva corredora con pantalón corto y camiseta ajustada, recuerde: es sólo porque se mueve tras de usted. Y a eso un hombre no puede resistirse.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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