hibernacion

La verdad es que ahora que lo pienso, con esto de la crisis, merecería francamente la pena hacer lo que hacen algunos animales. Me refiero a eso de hibernar. Sería estupendo, ya que las cosas no van bien, quedarse en stand-by por un tiempo y despertarse después de que pasara este chaparrón, que parece más una fuerte borrasca que un aguacero pasajero. Este hecho diferencial que practican algunas especies ofrece, sin duda, ciertas ventajas.

Vayamos al grano. Durante este proceso, estos animales se refugian en sus madrigueras y entran en un letargo que produce una bajada sustancial de la temperatura (hipotermia). Junto a ella, también ocurre una disminución de las frecuencias cardiaca y respiratoria, así como una caída de la actividad metabólica.

Está claro que es un buen método para superar los rigores del invierno, cuando la comida puede escasear. Para que todo salga a pedir de boca, los animales aíslan las madrigueras —que hay que estar a salvo de los depredadores— y van almacenando material de reserva en su organismo, esencialmente en forma de grasa parda, el depósito energético del que tirarán durante esos meses de placentero sueño.

Pero, ¿cómo se inicia el proceso? ¿Cómo es posible que en unas condiciones tan duras de temperatura no mueran de frío?

Científicos del Instituto de Biología Ártica de Alaska han encontrado que las ardillas del ártico emplean la molécula adenosina para inducir la entrada en el proceso de hibernación. De hecho, las moléculas que impiden que la adenosina funcione, las metilxantinas, entre las que se encuentran la cafeína y teofilina, son capaces de despertar de su hibernación de manera muy rápida. A esas mismas ardillas se las puede volver a inducir al letargo administrándoles un compuesto sintético análogo de la adenosina, pero más potente que este, llamado ciclohexiladenosina.

El tema de la temperatura es otro aspecto importante. La hibernación se da en situaciones de temperatura baja y lleva asociado a su vez una bajada de temperatura corporal de los animales. Aun así, suelen mantener una temperatura estable, pese a reducir sustancialmente el metabolismo, de manera que aunque haga frío, no se llegan a congelar. Para mantener la temperatura constante, quienes hibernan usan la grasa parda en sus células y en particular en sus mitocondrias, las estructuras que producen la energía de las células. Gracias a una proteína llamada termogenina, la energía que en condiciones normales hace falta para que el animal este plenamente activo es transformada por esta proteína en calor.

Es curioso pero los adultos no lo podemos hacer, sin embargo nuestros bebés sí. De hecho, uno de los mecanismos de supervivencia del recién nacido es usar la termogenina para mantener la temperatura de sus frágiles cuerpos estable durante unas horas.

Jesús Pintor, catedrático de Bioquímica y académico de la RANF

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