sorpresa 

Los biólogos saben desde hace años que las pautas de reproducción de los animales se guían por un principio: las hembras seleccionan a los mejores especímenes machos para que la línea de sucesión no se vea afectada negativamente. Una selección natural que pasa por multitud de pistas: el más fuerte, el más capaz, el mejor dotado…

Sí, lo han leído perfectamente, el mejor dotado. Y esa norma animal es universal, o sea que vale para todas las especies, incluida la humana. Y es que una cosa es que con cualquier tamaño uno sea capaz de procrear y otra, y muy diferente, es cuál es el tamaño que ellas prefieren… Y lo prefieren grande.

Y no se trata de una afirmación de macho fanfarrón que se invente una teoría para poder presumir en una reunión con amigos, es el resultado de un sesudo estudio científico que afirma que las mujeres heterosexuales se sienten más atraídas (sexualmente) por hombres con penes grandes. 

No se me disguste antes de tiempo, que no es la única variable que meten en la coctelera antes de elegir; también influyen otros aspectos, como la proporción del individuo, la altura (ser bajito siempre es una rémora) o el tipo (como la relación entre anchura de los hombros y la cintura).

La gracia se les ocurrió a dos científicos australianos, Brian Mautz y Michael Jennions, quienes han confirmado en un trabajo, utilizando a un buen número de mujeres para estudiar sus preferencias, que ese pequeño detalle influye, y de qué manera, sobre todo si tienen la posibilidad de comprobar sus medidas antes de practicar el sexo. Hasta ahora, los estudios previos subrayaban que el tamaño influía a posteriori; es decir, que las hembras eligen (de nuevo) a los machos con miembros grandes después de haber copulado con ellos.

En este sentido, el tamaño ideal —vamos, el que cuenta con un mayor atractivo—, según las conclusiones del trabajo, es aquel que ronda los 13 centímetros en estado relajado —combinado lógicamente con una buena proporción del cuerpo y de su altura—. Así que, ya saben, tantos años derribando un mito para tener que volver ahora a tirar de la cinta métrica.

Pero no lo dé todo por perdido. Primero, porque está esa cuestión de la visión previa. Y que yo sepa, de momento seguimos tapando nuestras vergüenzas con ropa; y luego, pensando en el futuro, que no hay que ser cicatero, piense que aunque usted no pasase la prueba, quién sabe si su progenie lo hará. Y que, en cualquier caso, alguna enseñanza buena obtendrá la humanidad fruto de esa selección. Según estos australianos, esta selección natural de los machos mejor dotados para la reproducción es la responsable de la evolución de los hombres hacia penes cada día más largos.

Y si todavía no encuentra consuelo, sepa que no existe ningún estudio —al menos todavía— que ponga en relación el tamaño del pene con la intensidad de los orgasmos femeninos.

Algo es algo, digo yo.

Enrique Leite

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