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Apretar el puño supone, en el más sencillo de los casos, un gesto de rabia contenida o de fuerza. Un gesto emocional instintivo, sin duda, que va algo más allá de la semántica al uso y que puede referirse en ocasiones a la impotencia que se percibe o a la exteriorización de un anhelo conseguido. Pero no solo: también supone una palanca de acción cerebral.

De hecho, desde hace tiempo —el que se empleó en utilizar encefalogramas para comprobar la actividad cerebral— se conoce que, con este movimiento, se ponen en funcionamiento determinadas partes de nuestro cerebro, de nuestras neuronas. Cuando cerramos con fuerza la mano derecha, activamos el lóbulo frontal izquierdo y con él determinado tipo de emociones, como la alegría o el enfado. En cambio, al hacer lo propio con la izquierda, sube la actividad del lóbulo derecho, donde se alojan los estados emocionales de tristeza o de ansiedad.  

Pero el lóbulo frontal también cuenta con un importante papel a la hora de organizar nuestros recuerdos y, en general, la memoria. La parte izquierda se encarga de guardar nuestros recuerdos y en la derecha se recuperan.

Intentar comprobar si existe una relación entre ambas acciones, apretar los puños y memorizar o recordar algo, es el objeto de una curiosa investigación que se ha llevado a cabo en los Estados Unidos.

Dividieron en cinco partes al grupo de estudio. El primero intentaba recordar una lista de palabras mientras apretaba el puño izquierdo, el segundo hacia lo propio con el derecho, los otros dos alterando la presión sobre sus manos intentaban memorizar esa lista y el último era un grupo de control.

Los resultados fueron sorprendentes… Apretar el puño derecho ayuda a memorizar mientras que hacerlo con el izquierdo lo hace para recordar. Pero no se me lancen a cerrar los puños pensando que van a aprobar los exámenes con cierta facilidad. Estamos ante una nueva línea de investigación que ofrece numerosas posibilidades, pero todavía no hay conclusiones radicales sobre un hecho que se ha demostrado que es algo más que un acto reflejo.

De momento, por si acaso, vayamos refrescando el refranero y la imagineria al uso. ¿Será posible que tras afirmaciones de “perteneces a la cofradía del puño cerrado”, refiriéndose a los tacaños, se esconde el recuerdo de una moneda? ¿O será por eso que las personas que levantan el puño, comunistas, socialistas y demás caterva de izquierdistas, son de los que perdonan pero no olvidan?

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