OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Uno de los convidados de piedra en los viajes espaciales son las plantas. Suelen acompañar a las diferentes expediciones y son objeto de numerosas investigaciones, aunque todas tienen en común el estudio que la ausencia de gravedad provoca en su estructura y en su crecimiento.

Aparentemente, tras los vuelos espaciales no se observan más que sutiles diferencias a nivel molecular, pequeños cambios que, en cambio, podrían ser determinantes en el futuro.

A lo largo de la conquista del espacio se ha podido comprobar cómo una hormona, la auxina, de la cual depende el crecimiento de los vegetales, sufre alteraciones por la ausencia de gravedad. Su producción se detiene en el espacio y su consecuencia es que se produce una ralentización en su crecimiento. Pero, siendo importante, el que nazcan plantas más pequeñas no es el único cambio significativo observado. 

A nivel molecular, la falta de gravedad actúa directamente sobre las células, acelerando su partición, con lo que los científicos se han encontrado con que la división celular de estas plantas presenta un mayor número de células, pero más pequeñas.

Aun así, todas siguen realizando la fotosíntesis y esta característica les permite sobrevivir, crecer —aunque sea a un ritmo lento— y desarrollarse. Aunque receptivas a la luz, los científicos han descubierto algo que todavía les intriga y a lo que no han dado una respuesta convincente: las raíces reaccionan a la luz roja, algo que no ocurre en la Tierra.

Hasta aquí, todo relativamente normal… Su comportamiento podríamos decir que se asemeja bastante en ambos ambientes… Pero no es así, resulta que nunca se ha conseguido que las plantas cultivadas en el espacio den frutos comestibles. Por ejemplo, nunca se ha podido hacer crecer un tomate en el espacio. A pesar de que semillas de esta planta son habituales en las misiones espaciales, nunca han dado frutos. Y eso, a pesar de que esas semillas, tras su vuelta, sí fueron capaces de crecer.

Teóricamente, el resultado debiera de haber sido un tomate quizás algo más pequeño o menos desarrollado, pero la realidad es otro de los misterios que habrá que seguir investigando. Así que a todos aquellos que soñaban con los huertos espaciales o convertir a la Luna, por ejemplo, en la gran despensa, hay que decirles que no queda más remedio que esperar.

Anuncios