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Los norteamericanos, como maestros del marketing, hacen de los malos tiempos oportunidades de negocio y ante los recortes que afectan a la NASA no se les ocurrió otra cosa que popularizar la presencia de cosmonautas para que los curiosos preguntaran sobre los efectos de la gravedad.

Los vídeos que colgaron en las redes sociales propiciaron el nacimiento de una estrella mediática: el astronauta que se dejó grabar sin mayores problemas en situaciones cotidianas tales como dormir, lavarse los dientes o las manos, tocar la guitarra o hacer ejercicio y saciar esa curiosidad del personal. Por otra parte, con esa popularidad han conseguido poner de moda otra vez los temas espaciales y, de paso, hacer algo de presión a la Administración para que sea menos agresiva con la tijera. Veremos si consiguen su fruto. De momento, les concedemos el valor de poner la imaginación al servicio de un noble interés.

Porque nada resulta tan atrayente como la fuerza de gravedad, ese tirón hacia abajo que nos permite ser como somos. Ahora bien, sin necesidad de salir a la estratosfera, ni de poner en marcha un costoso programa espacial, se puede medir de diferentes modos esa fuerza que nos permite andar, por ejemplo.

Si nos sometiéramos a un túnel de viento, podríamos comprobar la intensidad que tienen que desarrollar los vendavales para que, literalmente, nos hagan volar. Esta prueba se ha realizado en un simulador de caída libre, lo que viene a ser una especie de gran tubo cilíndrico con unas toberas en su parte inferior, en el suelo, que lanzan chorros de aire que van controlando con un motor.

A partir de alcanzar los 140 km/h, una persona de corpulencia media empieza a notar cómo sus pies se despegan del suelo; y cuando se llega a los 150 km/h, su cuerpo vuela libremente por el espacio.

Teniendo en cuenta la velocidad del viento que se alcanza en algunos huracanes o tornados, el peligro de salir volando parece más real que ficticio. La prueba, aunque también se podría haber conseguido de manera teórica aplicando fórmulas físicas (las leyes de Newton), pone de relieve que no es necesario alcanzar una gran velocidad.

Lo que no nos han dicho es si es conveniente que nos pongamos un lastre (un sobrepeso) para salir a la calle en esos días en los que los del parte del tiempo anuncian que habrá fuertes marejadas en la costa.

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