gallo

Ya saben que cuando se junta un grupo de machos, el sexo se convierte en una de las conversaciones preferidas… Y dentro del abanico de campos a abordar, el tamaño de los genitales resulta uno de los asuntos que cobra enteros. Así que, con el ánimo y la intención de aportar nuevos elementos para el debate y argumentos para la conversación —que por nosotros no quede—, allá va un sugerente tema: algunas aves han perdido su pene y se reproducen por fecundación interna. Ya ven, caprichos de la evolución, que de cuando en cuando nos sorprende con cada cosa…

Y la cosa tiene su miga. Pero comencemos por lo que ocurre. Durante el crecimiento del embrión, los pollos parece que van a culminar su desarrollo luciendo un espléndido pene —se comienza a desarrollar— pero en un determinado momento este crecimiento se detiene y se activa un proceso de muerte celular que concluye con su atrofiamiento. El órgano sexual comienza a detraerse hasta su desaparición total. Hecho que sucede antes de que el pollo rompa el huevo y salga del cascarón. ¿Y quién activa ese interruptor? Pues un, malvado gen, el Bmp4, que actúa a modo de castrador natural.

Y expresado el qué, ahora toca el turno del por qué. Parece que ellas, las gallinas, tienen mucho que ver con el asunto y, como no podría ser de otro modo, es el resultado de la búsqueda de los mejores machos para perpetuar la especie —vamos, que el modelo se reproduce en todas las especies: los más guapos son los llamados a triunfar— y cierta afición por parte de ellas a pronunciar la última palabra —una actitud que seguro también les resulta familiar—. Y nos explicamos: para copular con machos sin falo es necesaria la cooperación de la hembra; de este modo, se garantiza el control de la paternidad.

Curiosamente, la investigación ha probado que ellas, preferentemente, se decantan por los machos sin pene. Es decir, que en términos evolutivos, aquellos pocos ejemplares que presentaron la primera mutación fueron los elegidos y sus descendientes fueron perpetuándose en detrimento de los que conservaban su apéndice, que fueron llamados a la desaparición.

Seguro que les hemos dado argumentos para unas cuantas horas de charla animada, aunque según releo lo escrito, también hemos aportado unas cuantas ideas para ellas… y claro, como sigan la senda de las gallinas, pobre futuro se nos avecina. ¿Imaginan? Afortunadamente, este camino evolutivo no lo siguen todas las aves… ni el resto de especies.

Enrique Leite

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