hormiga constructoras

La naturaleza es pródiga en soluciones sencillas para abordar los problemas que nos afectan hoy en día. Ya lo hemos comentado a través de estas páginas en varias ocasiones: los modelos que han sido experimentados con éxito a lo largo de miles de años y que han permitido la supervivencia de determinadas especies son perfectamente exportables. Ya se trate de soluciones imaginativas para abrocharnos la ropa —como el velcro—, a modo de pegamento —como las conchas de cualquier molusco—, como modelo de crecimiento económico —eliminar las basuras haciendo que los residuos de unos se conviertan en la materia prima para otros— o, ¿por qué no?, también como comportamiento social.

Describir los experimentos sociales utilizando, valga la redundancia, a animales sociales —que viven en comunidades— como abejas u hormigas resultaría prolijo. Como muestra, dos botones: el comportamiento de las abejas cuando precisan mudarse de colmena da numerosas pistas sobre cómo se puede organizar una empresa a la hora de tomar decisiones trascendentes y las pautas de conductas de las hormigas cuando salen a buscar comida y notifican a sus compañeras el camino más corto y menos plagado de peligros sirvió a una multinacional de la mensajería para organizar de manera más eficaz sus rutas de reparto.

Y eso también vale para otro tipo de situaciones y de soluciones. Como por ejemplo, la ubicación de las salidas de emergencias en locales que pueden abarrotarse de público. Un investigador australiano, Majid Sarvi, ha hecho la prueba y ha probado que la ruta que siguen las hormigas ante esta situación de pánico en un local cerrado llegó a rebajar los tiempos de evacuación hasta en un 90%. Curiosamente, uno de los resultados obtenidos sugiere que conviene situar las salidas de emergencia en las esquinas en lugar de en el centro de las paredes.

Así lo demostraron las pobres y asustadizas hormigas… y también la simulación que repitieron los investigadores en un ordenador, pero en esta ocasión introduciendo datos correspondientes a humanos. Los locales atestados se iban descongestionando más rápidamente si esas puertas de salida se encontraban en las esquinas que en los portones colocados en medio de un muro o una pared.

Aunque las conclusiones no puedan ser elevadas a la categoría de ciencia exacta —nuestras reacciones son muy variadas cuando entramos en estado de pánico—, la solución que aportan estos insectos merece la pena ser tenida en cuenta por arquitectos e ingenieros. Al menos eso pensamos. Son miles de años encontrando salidas rápidas ante situaciones de riesgo y, desde luego, para probar su eficacia no hace falta que ocurra ninguna catástrofe para evaluar a posteriori —con el coste en vidas que supone— lo que falló en los sistemas de evacuación.

Eduardo Costas, catedrático de Genética

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