cafe matinal

Sin ningún ánimo de hacer liturgia de este ritual cotidiano, sí, reconozco que, como muchos de ustedes, me inclino cada día hacia esta taza para ponerme a funcionar. Mi afición a este ingrediente data de mi adolescencia, así que cumplo las estadísticas que revelan un incremento importante del consumo entre los más jóvenes desde finales de los 70, y no negaremos su utilidad para despertar neuronas y hormonas cuando, reunidos en cafeterías, dábamos los últimos repasos al examen final.

Y de nuevo los científicos nos enfrentan con otra diferencia entre géneros de la que sacar enseñanzas. En esta ocasión, los doctores Jennifer Temple y Adam Graczyk han puesto el acento en demostrar que este débil psicoestimulante no solo aumenta la eficiencia de áreas del cerebro relacionadas con la alerta y el aprendizaje y mejora el rendimiento cognitivo en algunas tareas, sino que hombres y mujeres reaccionamos a su incentivo en distinto grado.

Para llegar a esta conclusión, en la Universidad de Buffalo (EE UU) se escogieron 96 niños y adolescentes a los que se dividió en dos grupos; al de control se le administró el componente excitante y al otro un placebo. La intención era conocer cómo afecta realmente esta taza al desarrollo cognitivo de los chavales. La prueba consistió en realizar cinco tareas diferentes y se midieron las diferencias en cuanto a género en los sujetos que recibieron una u otra sustancia y luego se sometió a los participantes a pruebas de memoria, de tiempo de reacción y tareas de colores y palabras.

Los resultados demostraron que la cafeína aumenta el número correcto de respuestas en la memoria y que las chicas tuvieron más respuestas correctas que los niños de su edad, en el tiempo de reacción simple y en las tareas de colores y palabras. También se observó cierta diferencia teniendo en cuenta el ciclo menstrual de las mujeres.

Según el neurólogo Guillermo García Ribas, miembro de la Sociedad Española de Neurología, esta sustancia no resulta muy útil en tareas complejas pero sí para evitar que la mente mariposee. Es decir, cuando se trata de aprendizajes pasivos en los que uno mira o hace cosas sin prestar mucho interés, la cafeína mejora la atención sobre pequeños detalles. Sin embargo, cuando el proceso de memorización es activo, como ocurre al estar encerrados en una habitación intentando fijar un texto sin otros estímulos externos, su ingesta no implica mejora en la concentración, ya que el estado de alerta es elevado.

A pesar de sus beneficios, no hay suficientes estudios para establecer una dosis que no afecte a la arquitectura del sueño y, por tanto, no se recomienda su uso en niños y adolescentes. Parece que un consumo moderado en adultos rondaría los tres miligramos por kilo de peso al día y uno excesivo superaría los cinco miligramos.

Es la primera vez que un estudio en niños y adolescentes informa de diferencias según el género en relación a una sustancia de tipo adictivo como la cafeína y se abre un campo de posibilidades para conocer como actúan, por ejemplo, las drogas ilegales en hombres y mujeres. Si esta reacción fuese un modelo, podría tenerse en cuenta a la hora de prescribir tratamientos, ya que las mujeres responden de forma diferente según la cantidad de hormonas esteroides circulantes. Estaríamos pues ante los primeros tratamientos desintoxicantes justificados conforme al sexo.

Laura Castillo Casi. Enfermera y periodista

Anuncios