comidahorario

Somos animales de costumbres diseñados para vivir durante el día. La primera parte de la afirmación resulta obvia, no hay más que ver los comportamientos de algún espécimen para añadir que, además de animales, somos auténticos depredadores que lo convierten todo en carroña. La segunda es más que evidente; por más que despotriquemos de la rutina, cada uno en su vida ejecuta las propias. Y lo tercero, lo de diurnos, por más que se empeñen algunos en enmendarle la plana a la naturaleza, los sucesivos estudios científicos realizados y que se realizarán apoyan esta aseveración.

Y para los recalcitrantes, allá va uno de los penúltimos. Sepan las rapaces nocturnas que tienen más posibilidades de engordar que las que no lo son. Tal cual como lo están leyendo. La ecuación a igual ingesta mismo consumo calórico no es cierta y no se cumple. Alterar los hábitos alimenticios puede ser el origen de esa incómoda lorza que luce en su abdomen.

Un reciente estudio publicado por la catedrática de Fisiología Marta Garaulet demuestra que aquellos que comen después de las 15 horas (las tres de la tarde, para los castizos) tienen una tendencia a engordar mayor que quienes lo hacen a horarios, digamos, más europeos. 

Y el asunto tiene su sentido. Estamos diseñados para ponernos en marcha con los primeros rayos de sol y ralentizar nuestro metabolismo según decaen y parar y realizar nuestra función reparadora de nuestras células a lo largo de las ocho horas recomendadas de sueño nocturno.

Así que cuanto más alarguemos la hora de hacer esa pausa para reponer energías, más posibilidades tendremos de que nuestro cuerpo acumule en forma de grasa —acopio de energía para los momentos de mayor actividad de quema calórica— esos alimentos. Eso sin contar que prolongar la hora de comer supone acortar el tiempo entre comida y cena y destinar más energía que va directamente a los depósitos —a los michelines—.

El estudio resultó concluyente, las personas sometidas al experimento que comían pasadas las tres bajaban menos peso (se sometieron a todos los participantes a una cura de adelgazamiento) que los que almorzaban temprano. También se comprobó que factores como la falta de sueño, fatiga, estrés, desequilibrio hormonal o ansiedad, algo que desgraciadamente va ligado a los hábitos nocturnos, influyen negativamente cuando nos sometemos a una dieta.

Así que atenta la ministra de turno, que a las reclamaciones de conciliar los horarios de trabajo de los españoles con los del resto de Europa y del mundo hay que sumar esta nueva. Señora ministra de Sanidad, menos recortes, menos campañas sobre el sedentarismo y que nos levantemos de las sillas y más presión a sus colegas de gabinete. Que un mejor horario laboral contribuirá de manera más efectiva a que haya menos obesos.

Enrique Leite

Anuncios