cuquisdecolores

Aunque algunos sientan una irrefrenable pasión por ellas y vivan entre nosotros, difícilmente podemos calificarlas como animales domésticos. Más bien son acompañantes silenciosos que, en la mayoría de los casos, nos provocan sensaciones de repugnancia. Las cucarachas… tan cerca y a la vez tan odiadas, no dejan de asombrarnos. En un ranking de supervivencia, estos insectos, junto a las ratas, seguro que se aúpan a las posiciones de privilegio (¿curioso no? Tienen mejor capacidad de adaptación los bichos que no nos atraen en absoluto).

Esa capacidad de mutar o de adaptarse al ambiente hostil, en especial de las cucarachas, la conocen bien los operarios de las empresas de desinfección, que comprueban a menudo cómo se vuelven resistentes a sus plaguicidas. La última ocurrencia de estos bichitos es hacerse resistentes —rechazar— a la glucosa, el componente que habitualmente se utiliza para recubrir las dosis de veneno de los insecticidas.

Lo curioso en este caso es que no no se han hecho resistentes al veneno, al modo de las bacterias con los antibióticos; tan solo evitan cualquier carnada que contenga glucosa. Y, en la investigación, los científicos observaron que no se trata de un comportamiento aprendido, sino genético. Es decir, fruto de un mutación que se va heredando de generación en generación.

Y lo han hecho de la manera más sencilla: cambiando el código de los sabores que las atraen. Se conoce que la glucosa dispara en su cerebro una serie de señales que indican que es dulce, y por lo tanto, apetitosa y les induce a comer. Todo ello gracias a unas células nerviosas que conectan directamente la boca con el cerebro.

Los científicos confirmaron que los mutantes, al enfrentarse con una porción de alimento rico en glucosa, en lugar de emitir esa respuesta de sabor dulce y dar rienda suelta a su voracidad, emitieron una respuesta de sabor amargo, lo que en su código se traduce en un absoluto rechazo por ese alimento.

Es decir, que de un plumazo han convertido —para ellas— lo dulce en amargo y con esta solución evitan —de entrada— su extinción. Este tipo de mutaciones no resultan habituales; la investigación solo ha sido descubierta en algunas poblaciones de cucarachas alemanas (Blatella Germanica) y abre un interesante campo a la observación, ya que si este insecto ha sido capaz de vadear los venenos con el rechazo de sus contenedores, también lo podrían hacer otros más peligrosos porque transmiten enfermedades, como los mosquitos.

Lara de Miguel Fernández, limnóloga

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